Ortocen Clínica del Pie

zapatos de tacn y rxMarisol decía de carrerilla su lista de tacones, radiante como si se tratara de trofeos de caza. Botas, botines, sandalias, los rojos… y los grises que aún buscan la blusa con que emparejarse. Entre todos, sumó 30 pares en su armario, con tacones entre los 3 y los 14 centímetros de “éxito”.

Este día de Primavera me he atrevido; es amiga desde la infancia, y se deja: ¿No te duelen? Le pregunté en la consulta. “Lo fastidiado es la quemadura en la bola de los pies, pero compensa”. Y además, ¿De qué vivirías tú?. Añosa y guapa, arrasa.

Las locas por los taconazos, del estilo de Marisol, dicen que el dolor en los pies es el precio que pagas por la confianza que, en ti misma, producen.

Los podólogos de género masculino, e insensatos, alegamos que el precio es exorbitante. Aumentan los podólogos y cirujanos ortopédicos que aconsejan a las mujeres sobre las consecuencias a largo plazo, de llevar el calzado equivocado, en especial los tacones de aguja. A parte de la importancia del dolor en el pie, y el de la zona baja de la espalda, el cuello y los hombros; se dice a nuestras pacientes y amigas que los tacones altos conducen, con seguridad, a diversas deformidades en los pies. Algunos compañeros incluso están relacionándolos con la artritis.

Una reciente revisión de la Sociedad de Quiropodistas y Podólogos británica encontró que el 25% de las mujeres que se calzan a diario con tacones altos son más sensibles a la artritis. Otros estudios extraídos de varias publicaciones de éste año, nos muestran que el caminar sobre tacones altos aumenta la fricción entre los huesos de la rodilla y la cadera, aumentando el riesgo de osteoartritis.

También, algunos investigadores fineses concluían el mes pasado que las mujeres que llevan tacones altos 40 horas semanales durante dos años caminan diferente de las que los llevan sólo 10 horas, y no creo que signifique que lo hagan de una manera excelente. Las que usan de modo habitual los tacones altos, dan pasos más cortos y zancadas más fuertes, caminando con menos eficiencia, y con mayor esfuerzo, según decía el estudio.

Muchas mujeres que calzan tacones todo el día, adquieren tensión en los talones que lesde aguja 3 impide bajarse del tacón ocasionalmente, y que produce, por otra parte, dolor de espalda. Ello les dificulta el caminar descalzas o por superficies planas sin la ayuda del tacón. Otras cosas que influyen serán los juanetes, los dedos martillo, los callos o la deformidad de Haglund en el talón; todas ellas, se encuentran muy comprometidas en el calzado de tacón alto.

Dicen nuestros amigos americanos de la Asociación de Medicina Podológica que el 53% de sus mujeres experimentan dolor en los pies.

“Resulta difícil aceptar que, por lo general, la gente convive con el dolor y que no se plantean su existencia. El dolor de pies no es normal.” Dice la podóloga madrileña Karina Rodríguez, especializada en ortopedia del pie.

Rodríguez se confiesa sorprendida cuando observa en los comercios del ramo, la escasez de calzado sin tacones de las estanterías. Tampoco entienda la lectora que se ofende por ello.

Ella los ha disfrutado en las discotecas, donde los tacones le han llevado de lado a lado de las pistas de baile durante largas horas. Durante años, ha conseguido la atención de los demás por sus largas piernas y sus elegantes tobillos.

“No se puede entrar en una disco en zapatillas, es la altura del zapato, la sensualidad de las pantorrillas. Se trata de un gran momento y una agradable situación”, en algunas ocasiones, la lealtad al estilo del pie alcanza cotas extremas. Algunas mujeres llegan hasta el amputarse dedos para entrar en el zapato (No a sí mismas, creo). Lo llaman “toe tucking” en América.

Se habla de casos en Nueva York; yo escuché una vez el chascarrillo, en que alguna mujer ha pagado 2000$ por quitarse alguno o todos sus dedos menores… en fin, ¡Ver para creer! Claro que con el muy noble y razonable objeto de que todo cupiera ordenadamente. No me pidan confirmación de éste dato, por favor.

“Suena a cosas extremas y extravagantes, sin embargo, traigo a su memoria las historias sobre los vendajes de los pies en las niñas de China por conseguir unos pies diminutos”. “Se trata de un fetichismo en relación con el estatus social” No hay que mirar mucho hacia atrás, se contaba en mi infancia con respeto y admiración, lo superior de unos pies diminutos en cualquier niña pequeña, frente a quienes “apuntaban” a los pies grandes (Mi infancia tuvo lugar entre podólogos, y ya entonces me espantaba la idea).

De mi juventud recuerdo “Pies grandes malos son de casar” en boca de una añosa paciente mía, y de quien aún conservo su ficha clínica con el sucedido allí apuntado. En la misma línea, recuerdo entre mis pacientes la queja de tener dolor en sus curvados dedos por haber tenido siempre calzados de menor talla que la que el pie precisaba, y que su madre habría comprado para ellas con el fin de empequeñecerlos… (sic)

“Aquí se muestra una desconexión. Ellas no pueden imaginar sus vidas sin tacones” (Digo yo que sea una desconexión.)

Algunas confiesan que han ido disminuyendo la frecuencia del uso de estos calzados, pero que no se plantean su abandono. Incluso tienes que escuchar que no hayan tenido consecuencia alguna de importancia, de sus años envuelta en dolores de los pies.

El predecir quien vaya a encontrarse con un problema en los pies, es como intentar adivinar qué cigarrillo va a provocarnos el cáncer. Lo nuestro es educarlas en los problemas que podrían aparecer.

IDEAS DE PODÓLOGOS (No son necesariamente exageradas):

• Si tuviera que llevar tacones, hágase con unas cuñas en vez de los de aguja, por aumentar al máximo la estabilidad y evitar que los talones se paseen hacia los lados sin control en cada apoyo.
• Intente no subir de los 5 a 8 centímetros y sólo durante unas horas, cada vez.
• Compre zapatos sólo al final de la jornada, cuando los pies están hinchados del día.
• Deje sitio en la punta del calzado para que un dedo de la mano pueda introducirse, a modo de control del espacio que reste allí. (Después, ¡Retírelo!)
• Compre sus zapatos con un buen arco y sujeción en el talón. Las bailarinas y las chanclas, pueden ser tan maliciosas como los tacones si es que son muy flexibles y no dan apoyo al pie.