Ortocen Clínica del Pie

El miedo y la aversión de la sociedad cierra muchas puertas a las personas que buscan salir de la enfermedad, puertas bloqueadas que discurren entre lo sanitario, laboral, de vivienda o de relaciones sociales. En definitiva, el prejuicio se plasma en la discriminación, por la cual unos privan a otros de sus derechos o beneficios y les dan un trato de inferioridad. En un principio, la estigmatización tendría un carácter originario moral, pero con serias consecuencias, ya que se identifica al grupo segregado con el estigma mismo.

El estigma es la etiqueta que se pone sobre la persona y resulta muy difícil desprenderse de ella. Llega a ocultar a ese hombre o esa mujer, porque se la identifica plenamente con el hecho por el que se le etiqueta. El lenguaje da buena muestra de cómo la enfermedad mental se identifica como único rasgo de la personalidad de quienes la padecen. Si tiene esquizofrenia, pasa a ser “esquizofrénico”; si sufre depresión, es un “depresivo”. Algo que actualmente no sucede con otras enfermedades, porque a quien padece cáncer no se le llama “canceroso”. Una vez que la sociedad subraya la diferencia resulta muy difícil para la persona ser aceptada. Además, la presión interna que sufre para asumir los estereotipos de incapacidad e inutilidad hace que los síntomas de la enfermedad sean más persistentes y creen una sensación de invalidez.

Una consecuencias de la discriminación es la creación de la auto-estigma. Los prejuicios en muchos casos afectan al enfermo hasta el punto que los asumen como verdaderos y pierden la confianza en su recuperación y en sus capacidades para llevar una vida normalizada. Estereotipos y prejuicios acaban por instalarse en la persona, que asume esas actitudes marginadoras y se auto-discrimina. Se generan así reacciones emocionales negativas, se pierde la sensación de dominio sobre su propia situación personal, incapaz de buscar trabajo o vivir de forma independiente, y es posible que ni siquiera lo intente. 

La cicatriz, huella indeleble de la enfermedad que fuera subsanada mediante cirugía, podría considerarse la muestra “palmaria” de la fortuna que salvaguardó al enfermo en el tiempo de la enfermedad, ¿es de recibo que la misma acompañe los recuerdos del golpe de infortunio? ¿ha de convertirse en el mascarón de proa en la nao de nuestra vida?

La cicatriz es un estigma aunque también es el recuerdo amable de haber esquivado a la parca, hasta ahora…