Ortocen Clínica del Pie

yelmoQuería esta mañana madrugar, madrugar y caminar a la cabeza de nuestro partido donde un desayuno hendería por simétrica mitad mi paseo.

Aún saliendo más tarde de lo deseable, pues Morfeo mantuvo su arrullo más de lo esperado, me vi en camino pronto y huyendo del sol que temía.

He llevado la senda Norte, la otra ladera a la que acostumbro, pues, un poco de variedad ayuda al adorno del proyecto.

Ya desde el comienzo me he percatado de la comodidad en mi piel. El contento lo produjo la ausencia de un sol pegajoso. Es cierto, Eolo ha querido acompañarme y el paseo ha podido alcanzar las cotas en que el deleite propio anuncia la felicidad.

Una maravilla. Mi fragilidad del camino vestida de frescor y sol suave. Los arbustos que adornan e indican el camino pisado tantas veces, se venían lado a lado dejando al manso bamboleo de sus hojas recias que mutasen con ritmo la gama del ambiente, pasando su tono del haz al envés del modo alegre e íntimo con que suele mostrarse la Naturaleza en estos parajes.

Un corzo fugaz ha cruzado ante mí el camino, ascendiendo veloz la ladera, para desaparecer casi en el mismo instante. Ni he cambiado el paso. La sensación de agrado y armonía con este medio idílico me inunda.

La vereda limpia y mis pies felices se reúnen mientras avanzo, mientras esbozo en mi neuronita este texto, este sentimiento que deseo participarte y que suavice mi tormento.

Allí, ya cerca, el camino hasta ahora encajado entre laderas de lomas verdes y grises, tiende a olvidar el hilo que señalara el vado, aparece a un lado la llanura del Jarama, donde reside la centenaria Torrelaguna. Ahí emerge el destino de mis pies alegres, el descanso de mis hambrientas tripas, el remanso castellano donde naciera Cisneros.

Serpenteo por sus callejas hasta alcanzar la Real, el anhelado desayuno me dispone para la vuelta, sin dejar de coger el periódico de Carmen.

Algo hay en los retornos, ¿Será esa sensación fatigosa que tuvimos en la ida que anuncie un final más próximo? Lo ignoro. Prefiero descansar en el recuerdo de lo esbozado para la vuelta en que ya me encuentro.