Ortocen Clínica del Pie

harry-principeHarry, tercero en la línea sucesoria al trono de Inglaterra, “ha cultivado” desde pequeño una imagen mucho más rebelde que su hermano Guillermo.

Antes, el fin del Verano era agrio, se alejaba la canícula estival, el “ligado de bronce” y los teléfonos de efímeras conquistas; se aproximaba una nueva temporada que asumíamos sería estresante, cargada de novedosos riesgos, y de enredadas metas por alcanzar… un cierto porvenir. Ahora, en el primer Verano del rescate, se acerca septiembre con angustia propia y la silueta de la directora Dña. Angela Merkel exigiéndolo todo en la vuelta al “cole”.

Sin embargo, también en estos ardientes y silenciosos días de agosto hay esas noticias que empujan a ser más positivos. De verdad, si la crisis va a ser larga, ¿tenemos que vivirla siempre con este “mal rollo”, con esta congoja? ¿No hay destello titilante alguno al fin de la oscuridad? Sí, hay noticias sugestivas disimuladas entre las desagradables. Por ejemplo, el anuncio de la apremiante llegada del “banco malo”, un organismo, una sociedad, un dispositivo… lo que sea, ideado para absorber, gestionar, digerir, como sea y con dinero público, las hipotecas pendientes en la “burbujeante” España. Su llegada nos va sacudiendo un poco de la modorra estival. ¡También en las crisis se puede hacer dinero! Dijo alguien.

Hay nuevas y atractivas oportunidades de negocio: el banco malo y el casino. Ya hay quien se frota las manos. Deberíamos pensar en reunir tanto al banco malo y al de siempre en un casino. Como Eurovegas. Y… ¡frótale tiza al taco!

Será bueno aprender del príncipe Harry en sus vacaciones en Las Vegas. Seamos, por una vez, sinceros: si Harry no se tomara estas libertades, escaparse a Las Vegas, desbarrar con sus amigotes y guardaespaldas de Scotland Yard, jugar al strip billiard (quisiera yo frotar tiza a unos tacos, allí) empapado de alcohol, sería una de las personas más incómodas del Reino Unido. Aburrido, reprimido y soso, destinado a ser uno más en ese cajón de sastre de aristócratas desocupados que todos conocemos. Mientras unos se rompen las vestiduras reclamando comportamiento ejemplar, otros nos plantearnos cuánto mejor pueda ser que alguien de una familia tan real practique el billar nudista antes de cumplir los 30 años y no después. ¡Cuanto antes, mejor! El desparrame del príncipe se nos ofrece atractivo en su pelirroja mala conducta y desnudez. Un varón con privilegios, pero sin frenos ante el abismo. Una metedura de pata, un descaro inoportuno que en los tiempos que corren se convierte en viento fresco, a mi parecer.

La polémica ha encendido como un pebetero a la familia real inglesa, ahumando el magnífico dibujo dejado por los Juegos Olímpicos. Pero nos ha regalado un príncipe golfo, que tiene mucho predicamento entre mujeres y hombres. “Me gusta muchísimo más que su hermano”, comentan en las peluquerías de Madrid. De seguro, Harry nos pedirá disculpas, pero debería soplarnos algún truco para triunfar en el strip billiard.
Lo que también salta a la vista es que Scotland Yard, a cargo del cuidado del príncipe, no es lo que era. Se entiende que se diviertan junto al hijo de Diana, pero que no consigan requisar los móviles antes de la fiesta parece francamente inaudito. ¿Es que no han visto ni una película de James Bond estos policías?

También es una feliz coincidencia que el resacón de Harry en la capital del juego suceda mientras mantenemos el compás de espera por si nuestro Eurovegas va aquí o allá. ¿A qué español, noble o famoso, veinteañero o septuagenario, se le ocurrirá emular al príncipe Harry en nuestro Las Vegas cañí?