Ortocen Clínica del Pie

karinaMe gusta mucho esta cita de Josep Pla i Casadevall (Palafrugell, 8 de marzo de 1897, Llufríu 23 de abril, 1981) que transcribo a continuación: “en la vida hay amigos, conocidos y saludados”. Esta descripción, lejos de ser una mera clasificación de personas y relaciones, se convierte a mi entender en una interesante pauta para concebir que muchas de las relaciones a las que otorgamos el título de amigos son, en realidad, simplemente conocidos o “saludados”. No obstante, a raíz de la distinguida apreciación de Pla, me permito desarrollar otra lista más completa y actualizada, si cabe: amigos, amistades, compañeros, buenos conocidos, conocidos y saludados.

Los amigos son muy pocos, o quizás muchos. Cada persona tiene, de uno a tres amigos; no más. Ésta es mi media. Aristóteles afirmaba que ‘el amigo de todos no es un amigo’; por lo tanto, a este afecto se le confiere un talante más exclusivo y específico que aumenta aún más su valor.

Las amistades son personas con las que nos unirá una excelente relación. Casi siempre estarán dispuestos a ayudar y será recíproco, pero, normalmente, en una situación más íntima no les contaremos nuestras penas o interioridades. A veces les llamas “amigos”, aunque en realidad son amistades, les asciendes en el transcurso de una conversación algo más profunda, un grado menos en el escalafón desde un punto de vista más coyuntural.

Los compañeros son aquellas personas, hombres y mujeres, a los que nos une una actividad común, ya sea profesional, deportiva o de asueto. Con ellos pasamos buenos ratos, pero a la hora de la verdad es probable que no exista tanta vinculación como para consolidar una relación perdurable.

Los buenos conocidos son aquellas personas con las cuales existe una buena comunicación, agradable relación y bastante familiaridad y proximidad. Están a pocos pasos de la amistad y de ser amigos, pero el peldaño de la intimidad afectiva, la confianza permanente y el tamiz del tiempo no permitirán llegar a serlo.

Los conocidos son las personas que, además de saludarlas, sabemos su nombre y tenemos algunas conversaciones más o menos superficiales o profundas, pero sin ninguna vinculación posterior. El camarero del café diario, el quiosquero, el portero de tu finca.

Los saludados son aquellas personas con las cuales nos cruzamos y tan solo intercambiamos algunas palabras. Mayormente decimos un ‘buenos días’ o un ‘adiós’ y poco más sabemos de ellos. Incluso, es posible que no sepamos su nombre. 

pla selloLlegados a esta parte del circunloquio me pregunto yo donde colocar a los familiares en esta clasificación de D. Josep. La RAE dice que amistad es “afecto personal, puro y desinteresado, ordinariamente recíproco, que nace y se fortalece con el trato” No me resulta extraño incluir a los familiares o la familia bajo esta definición, quiero con ello decir que, a mi parecer, el origen de la relación emana del parentesco que les une. Claro está, que si ahondamos en la definición original, hace falta que los familiares conserven el afecto personal, puro y desinteresado que les conectara cuando empezaron a percibir los beneficios de la agrupación en un hogar, y que originalmente debió sentirse a partir del afecto que la madre mostrase al reciente, y el desarrollo de la infancia en el núcleo de la familia.

Acepte conmigo, amable lector, el que los amigos son aquellas personas que siempre estarán a nuestro lado, que igual reirán con nosotros como llorarán y compartirán nuestras penas. Son quien o quienes se alegrarán de nuestros éxitos y sufrirán nuestras desgracias. Es una relación que nace de intereses comunes y sentimientos comunes, y que se construye con tiempo, a veces en pocos días o meses, pero que para consolidarse, por lo general, puede necesitar de algunos años. Ser amigo no es sólo llorar un día, puntualmente, sino acompañar y compartir todo, penas y alegrías, transportadas en el tiempo, en tanto la empatía se mantenga, tampoco podemos optar a ser amigo “A pesar del otro”, es imprescindible algún tipo de movimiento sinérgico que alimente la amistad.

Amigo deriva del latín, amicus, e implica varios aspectos como la confianza y la sinceridad, la compresión y la empatía, la fidelidad y el respeto, y, evidentemente, la reciprocidad. El primer espacio que se genera entre dos amigos es el de la confianza y la sinceridad, porque sin ellas sería imposible que existiera una relación profunda y estable. Tanto la compresión y la empatía como la fidelidad y el respeto son aspectos que perfeccionan y completan la relación entre amigos.

Pero no a todas las personas les es fácil hacer amigos. Por distintas razones, a veces tenemos miedo de que nos conozcan, nos juzguen o nos valoren diferente de como creemos merecerlo. También ocurre como respuesta a estos miedos que dejamos de hablar, no nos comunicamos ni entramos en franca relación con las otras personas. Hay personas que nunca han tenido un amigo ni confían en llegar a tenerlo alguna vez.

Encuentro dos motivos generales por los que algunas personas no tienen amigos: Una forma de ser distante o una actitud introvertida y retraída respecto a las relaciones sociales y la comunicación afectiva; o experiencias desagradables pasadas, cuando, después de haber dado confianza al contar ciertas confidencias, se han sentido traicionadas, y eso  las incapacita para “arriesgarse a dejarse querer de nuevo”. ¿Necesito amigos?

Tener amigos con los que compartir es vital para cualquier persona; es parte de la salud mental. La mayoría de nuestra felicidad nace de las relaciones con otros seres humanos, por lo que tener amigos es tan saludable como necesario para el equilibrio personal y para disfrutar de una vida plena.

¿Cuántos amigos necesito?