Ortocen Clínica del Pie

No se le ocurre otra cosa que pedirme le arregle sus uñas para "Siempre jamás"...

El pobre desconoce que desde abril no me he lavado las manos para hacer cirugía alguna. Sin embargo, es un paciente antiguo e inocente que confía en mi. Allí estamos, fente a frente; yo armado hasta los dientes. Cargo la anestesia y le "induzco" una poca en ambos lados de los dos dedos gordos, no se queja. Charlamos del partido de fútbol que se avecina en el estadio que hay en la misma calle, del barullo afuera, del gentío por las aceras; mientras tanto continúa relajándose, pues nada le está molestando, aprovecho para preparar el instrumental, vestir las zonas por arreglar, acomodar la herramienta y esas cosillas...

Ya en harina, vamos realizando el trabajo, los bordes de las uñas se separan, preparamos el lecho, por fin, cubrimos ambos dedos y el paciente, incómodado por el bulto que el vendaje produce en sus dedos, comienza a caminar hacia la sala de espera donde su familia espera.

Doy algún consejo, recomiendo un análgésico suave, sugerencias para el aseo, fijamos día de revisión, y copia mi número de teléfono de "compañía" por si los sustos...

Al cabo hemos terminado. Veinte minutitos. Asunto concluido, Dolor desaparecido, infecciones frecuentes que no volverán, dolorcillos incómodos en el calzado que no van a volver... esas cosas que me permiten el oficio.

cirugía de uña