Ortocen Clínica del Pie

tragedia en la casa de campoTodo a oscuras, gritos, luces de colores en la oscuridad, pasillo angosto, gente que se cruza corriendo sin destino, chocan contigo, choco con alguien; humo, gritos, calor, hedor, dolor en mi brazo, no encuentro el bolso, ¿Mari?, ¿Mari? ¿Qué pasa?, alguien tropieza conmigo, nadie se escusa por ello. Ruido, gritos, calor. ¿Marí? ¿Mari?. Piso un bulto ¿Qué hace un bulto en el suelo? Se mueve, la recojo del suelo, se apoya, pesa, no anda, la sujeto, la empujo, otra persona en el suelo, no se mueve, seguimos, seguimos.

Llantos a un lado, voces por todas partes, más empujones, nos agarramos la una a la otra, en silencio, sin saber si ir o volver, gritos, sudan mis manos, me busco el bolso otra vez y no aparece. Humo, mi compañera me sigue al tanteo, ¡Cómo si yo supiera el camino!

El lugar tenía dos plantas, o tres; yo estaba “arriba”, luego habría que bajar; dicho y hecho. Aparece un torbellino de gente bajando y nos sumamos a la marea, alivia un poco creer que quizás vayamos bien, se queja la compañera del tobillo (Mucho me importa mientras camine) solo quiero mantenerme en el torbellino, quizás vaya a algún sitio. Humo.

De cuando en cuando cruzo la mirada con alguien, ¡Vamos! ¡Vamos! …¡Por aquí! Nos aglomeramos, el olor a quemado se incrusta en mi boca, pero tanto mi compañera como yo queremos seguir bajando.

Nos cruzamos una y otra vez con gente aterrada, llantos, miedo, humo.

¿Dónde están mis hijas? Han dicho que tres o cinco entre 18 y 25 años; mis hijas son poco “fiesteras”, pero…

Cojo el móvil, llamo a una: nada. Llamo a la otra: nada.

Ahí me quedo, guasap continuo a ambas, llamadas, a las amigas, NADIE COGE EL TELÉFONO ¿Una confabulación de la desdicha?

Por fín, a las tres horas, la mayor contesta, está en Madrid, en casa de Ana¿?.  ¡Una menos!, me transmite que la segunda está con alguien fuera de Madrid. Quiero creer, necesito creer, sigo tras la segunda. No contesta, espero (confiando en los datos de la mayor).

Por fin aparece, sana y salva; ha estado lejos “papá, nosotras no vamos a esas cosas…¡ya!”

Vaya mañanita de jaloguín me han dado.

El relato del principio corresponde a mis recuerdos de lo vivido por una paciente que conocí en La Paz cuando, fuera de mi jornada de trabajo, me acerqué al servicio de Rayos donde yo trabajaba entonces al escuchar la noticia en el coche.

Fue en la noche de Alcalá 20, y nos marcó a quienes allí trabajábamos por mucho tiempo.