Ortocen Clínica del Pie

isabel allende“Si se derrocha paciencia con un niño de dos años, no hay razón para escatimársela a una anciana de ochenta”
Fuente: LA SUMA DE LOS DÍAS de Isabel Allende

Llevo toda mi vida profesional a los pies de los pacientes. Ellas y también ellos,  utilizan el sillón de Ortocen para contarme a mí sus cuitas. En el rato que estoy aliviando sus pies algunos aprovechan la cómoda postura para decirme o decirse intimidades acumuladas con el paso del tiempo, quizás sólo por la candidez del entorno, el espíritu del lugar, o la confianza que nos profesamos tras años de relación.

Tenemos una cartera “mayor” de pacientes, no es que sean muchos, no; ocurre que son los mayores quienes más tiempo dedican a buscar de dónde vienen la molestia, tan importante ahora como para frenarles de hacer por si mismos. Nadie con juicio evita reconocer el paso del tiempo.

Nuestros pies nos transportan de un sitio al otro, ahora menos vigorosos que atrás; pero si nos siguen llevando allá donde les mandamos, sentimos control, sentimos la fuerza. Pienso que mis pacientes buscan en mí ese beneficio, algunos dicen salir renovados; “alitas en los pies” que Giovanna balbuceaba,  alguien muy querida por mí. La echaré de menos en el Rastrillo de Nuevo Futuro.

El sillón hace poco remozado, conquista un entorno cálido, algunos pacientes amigos las cantan claras y confiesan sentimientos tristes, soledades y desdenes de los más queridos. Les aporto respeto, cariño, oído; también tiempo. En situaciones de emergencia echas por la borda lo superfluo, lo echas todo. Al final ¿Qué queda? A mí, mi madre, Charito.