Ortocen Clínica del Pie

tacones y rx

Original
A Scientific Look at the Dangers of High Heels
Por GRETCHEN REYNOLDS

No hace mucho tiempo, Neil J. Cronin, un investigador posdoctoral, y dos colegas suyos en el Programa de Investigación de Enfermedades Músculo-Esqueléticas de la Universidad Griffith de Queensland, Australia, tomaban su café en el campus de la universidad cuando vieron a una joven tambaleante pasando junto a ellos en sus altos tacones. "Parecía bastante incómoda e inestable", dijo el Dr. Cronin.

Algunos espectadores, particularmente las mujeres, podrían haber esbozado una mueca de simpatía o, en su defecto, se habrían preguntado dónde comprarse esos taconazos. Pero los tres investigadores, acreditados que estudian la Biomecánica de la marcha, fueron golpeados no por la belleza de lo acontecido, sino por las implicaciones científicas de su paso. "Empezamos a pensar en lo que podría estar sucediendo a nivel muscular y tendinoso" en las mujeres que usan tacones, dice el Dr. Cronin. (sic)

El cómo afecten los zapatos actuales a la marcha humana es un tema objeto de gran debate en estos días. La popularidad del correr descalzo por ejemplo, ha crecido en gran parte debido a la creencia, aún no probada, de que usar zapatillas de deporte modernas y bien acolchadas disminuye la fuerza del pie y la propioceptividad, que es la sensación de cómo el cuerpo se coloca en el espacio y cómo contribuye a la aparición de las lesiones relacionadas con la carrera.

Sabido es que los tacones altos pueden alterar mucho la Biomecánica de la usuaria y que el riesgo de lesión ha recibido una escasa atención de los expertos, a pesar de que millones de mujeres utilizan tacones casi todos los días. Con esta introducción, en uno de los primeros estudios de esta naturaleza,  científicos australianos reunieron a nueve mujeres jóvenes que habían usado tacones altos durante al menos 40 horas a la semana durante un mínimo de dos años. Estos científicos también incorporaron a la muestra, 10 mujeres jóvenes que rara vez, o nunca llevaban tacones, para que sirvieran como sujetos control. Las mujeres estaban en su juventud, y entre los veinte y los treinta y poco.

Los científicos pidieron a las mujeres que calzaban tacones que trajesen su par de zapatos de tacón alto favoritos al laboratorio. Allí, ambos grupos de mujeres fueron equipados con electrodos para efectuar un seguimiento de la actividad muscular de sus piernas, así como para realizar capturas de  movimiento con marcadores reflectantes. Se midió la longitud de las fibras musculares en sus piernas por medio de sondas de ultrasonido.

Todas las mujeres caminaron repetidamente  a lo largo de un pasillo de 26 metros de largo dotado de una plataforma que contenía una placa para medir las fuerzas que se generan al caminar. El grupo control transitó sobre la pista 10 veces con los pies descalzos. Las otras mujeres caminaron descalzas 10 veces,  y en sus tacones preferidos otras 10 veces.

Era obvio, como los científicos habían sospechado al observar a la mujer de la cafetería unos tiempos atrás, que las mujeres habituadas a los tacones altos caminaban diferente a las que solían ir planas, incluso cuando las que calzaban tacones con asiduidad iban descalzas. Sin embargo, la naturaleza y la extensión de las diferencias fue sorprendente. En los resultados publicados hace varias semanas en The Journal of Applied Physiology, los investigadores encontraron que las calzadas con tacones se movía con pasos más cortos, y más fuertes que las del grupo control; habiendo llevado los pies constantemente en una posición flexionada y “de puntillas”. Este patrón de movimiento continuó incluso cuando estas mujeres se quitaron sus tacones y comenzaron a caminar descalzas. Se induce, que las fibras en los músculos de sus pantorrillas se habían acortado, y estas mujeres vienen haciendo un esfuerzo mecánico mucho mayor en los músculos de la pantorrilla que las del grupo control.

En ese grupo de control, las mujeres que rara vez usaba tacones, el caminar involucraba, primariamente, el estirar y el tensar sus tendones, especialmente el tendón de Aquiles. Pero en las calzadas con tacones el caminar comprometía de modo esencial a los músculos.

Esta distinción biomecánica es importante, dice el Dr. Cronin, quien es ahora un investigador de la Universidad de Jyväskylä en Finlandia. "Varios estudios han demostrado que la eficiencia músculo-tendinosa óptima "al caminar " se produce cuando el músculo se mantiene aproximadamente en la misma longitud, mientras el tendón se alarga. Cuando el tendón se alarga, almacena energía elástica y después la devuelve cuando el pie empuja en el despegue. Los tendones son resortes más eficaces que los músculos ", continúa explicando este investigador. Así que al estirar y tensar sus ya reducidos músculos de la pantorrilla, las usuarias del tacón caminan con menos eficiencia, ya sea con, como sin tacones, dice Cronin; precisándose más energía para cubrir la misma cantidad de terreno que las usuarias de calzado plano,  y probablemente ocasionando una mayor fatiga muscular.

La pregunta obvia planteada por los resultados, sin embargo, es… ¿y qué? ¿Le importa a alguien si las fibras musculares de la pantorrilla se le acortan descuidando sus tendones mientras camina, especialmente si le gusta el aspecto de sus “Manolos”?

Esta pregunta es difícil para que se la hagan a un biomecánico, admite el Dr. Cronin. La estética está fuera del ámbito de la rama de su ciencia; pero el riesgo de lesionarse no lo es. "Creemos que las roturas fibrilares en músculos grandes que se producen al caminar sobre tacones, puede aumentar la probabilidad de las lesiones por esfuerzo", dice. (Este riesgo es independiente de la probabilidad de que una mujer, si no están familiarizados con los talones, puede caerse hacia un lado y torcerse un tobillo o descubrir un moratón en la imagen de su autoestima, que es una lesión aguda)

Los riesgos se extienden a los entrenamientos, cuando las portadoras habituales del tacón, cambian abruptamente a las deportivas, o a otros calzados planos. "En una mujer que usa tacones la mayor parte de su jornada laboral", dice el Dr. Cronin, la colocación del pie y la pierna en los talones" se convierte en la posición por defecto para las articulaciones y las estructuras internas. Cualquier cambio en esta configuración predeterminada será conflictiva ", dice este autor, el subirse a unas deportivas ahora “constituye un nuevo entorno, lo que podría aumentar el riesgo de lesión ".

Debe tenerse en cuenta, añade, que en el estudio referido, las voluntarias "eran muy jóvenes, la edad promedio de 25 años, lo que sugiere que no es necesario usar tacones durante un largo periodo de tiempo, que significa décadas, hasta que las adaptaciones comiencen a tener lugar".

Así que, si la lectora llevase tacones y está, de modo alguno, preocupada sobre sus músculos y los esguinces articulares, el consejo es sencillo, intente, si es posible,  aliviar un poco la altura del zapato por detrás. Use zapatos de tacón alto, si puede ser, "una o dos veces por semana". Y si eso no es práctico ni aceptable", trate de quitarse los tacones siempre que le sea posible, por ejemplo cuando usted esté sentada en su mesa de trabajo." Los zapatos pueden seguir siendo sugestivos…, incluso adornando sus pies descalzos.

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