Ortocen Clínica del Pie

paloma-de-la-paz-picassoEl perdón no se concede con la intención de que en mi universo interior sea reconocida la virtud de la pureza, nada más lejos de la realidad. Mi perdón lleva como fin el desprenderme de ese daño que aún pudiendo no ser cierto, yo lo consideré real, lo retuve durante un tiempo eterno, y lo único que conseguí fue hacerme más daño. En mi mente y en mi alma ese acto que me molestó en un momento determinado de mi vida, que pudo durar apenas unos minutos, lo mantuve vivo durante mucho tiempo, demasiado tiempo, quizás llegue en el momento postrero en que el recuerdo deja de doler; mientras que la persona o personas a las que consideré culpables del daño, siguieron su vida sin afectarles lo mas mínimo mis sentimientos, posiblemente sin acordarse de ese momento de dolor que yo llegué a mantener vivo durante años.

Por ello, cada vez que perdono, suelto amarras, me desprendo de un lastre, de algo innecesario… y vuelo en libertad. 

RECUERDO INFANTIL

Una tarde parda y fría 
de invierno. Los colegiales 
estudian. Monotonía 
de lluvia tras los cristales. 

Es la clase. En un cartel 
se representa a Caín 
fugitivo, y muerto Abel, 
junto a una mancha carmín. 

Con timbre sonoro y hueco 
truena el maestro, un anciano 
mal vestido, enjuto y seco, 
que lleva un libro en la mano. 

Y todo un coro infantil 
va cantando la lección: 
«mil veces ciento, cien mil; 
mil veces mil, un millón». 

Una tarde parda y fría 
de invierno. Los colegiales 
estudian. Monotonía 
de la lluvia en los cristales.

Antonio Machado