Ortocen Clínica del Pie

fortaleza en florida

Este dos de abril no ha sido un día cualquiera. Hace 500 años un europeo puso sus pies por primera vez en el territorio que, con el tiempo, se convertiría en la nación más poderosa de la tierra: los Estados Unidos de Norte América.

No fue un francés, ni un inglés, ni un holandés. Aquel hito estuvo protagonizado por un bravo aventurero nacido en un pequeño pueblo de Tierra de Campos, Santervás de Campos, hoy provincia de Valladolid. Su nombre, Juan Ponce de León.

Aquel 2 de abril de 1513, Ponce de León, al mando de tres navíos procedentes de Puerto Rico, desembarcaba en una tierra extraña y misteriosa al norte de Cuba que se creía una gran isla y que, por haber sido vista por primera vez en tiempo de Semana Santa, fue llamada “Tierra de la Pascua Florida”. Aunque tiempo después de su muerte se extendió la falsa leyenda de que Ponce de León perseguía al llegar a Florida una mítica fuente de la eterna juventud, en realidad iba en busca de nuevas riquezas y territorios.

Lo trascendental de su llegada a las costas floridanas fue que, con ella, Norteamérica entró en el mapa del mundo conocido y en la historia de Occidente. Hasta casi un siglo después, en 1607, con la fundación de Jamestown en Virginia, los ingleses no serían capaces de establecer en este continente su primera colonia permanente.

Más de 300 años en Norteamérica

Con la llegada de Ponce de León arranca una historia de presencia de los españoles en Norteamérica que se extendió a lo largo de más de tres siglos. Una vasta y rica parte del pasado español a menudo ignorada en la actualidad, tanto en Estados Unidos de América, donde el posterior dominio anglosajón orilló las raíces hispanas de estos territorios, como a este lado del Atlántico. Hoy día, no son muchos los españoles conscientes de que su país estuvo presente en América del Norte hasta el 10 de julio de 1821. Nihil obstat, sepas que ya en 1973, quien firma, se empeñaba en resaltárselo a mis familias adoptantes, durante mis visitas a Boston y Plymouth en los veranos americanos de entonces.

Primero fue Florida, pero nuestros españoles llegaron a controlar vastísimas extensiones. Lugares que hoy nos suenan tan genuinamente estadounidenses como Texas, Luisiana o California, estuvieron bajo dominio español gracias al coraje de un puñado de hombres a los que la historia no ha hecho todavía justicia. El estandarte de la Corona española llegó a ondear a finales del siglo XVIII en la lejana Alaska, en un capítulo histórico hoy poco menos que reservado para eruditos.

El quinto centenario del descubrimiento de Florida que se cumplió el dos de abril pasado, se presenta como una oportunidad para recuperar el rico legado español en esta parte del mundo.

Desde principios de año, el estado de Florida está celebrando, con un extenso programa de acontecimientos, sus primeros 500 años en la historia occidental (antes de la llegada de Ponce, se calcula que habitaban la península unos 350.000 nativos). Exposiciones, conferencias y recreaciones históricas, tienen lugar hasta final de año en una demostración de la importancia que los floridanos dan a su historia y el orgullo con que asumen sus raíces españolas.

Este dos y tres de abril se celebró, de forma muy especial, el cumplimiento de los 500 años de la llegada de Ponce de León, con representaciones de aquel momento histórico, tan del gusto de los estadounidenses, así como el estreno de una réplica de la pila donde se bautizó a Ponce de León, llevada expresamente desde su pueblo natal, Santervás de Campos.