Ortocen Clínica del Pie

premio cervantes 2013Entregaron el Premio Cervantes al gran escritor Caballero Bonald, quinientos novelistas y poetas participaron en la noche de la Literatura en un momento en que la ficción se ha refugiado en los libros de economía. En el Círculo de Bellas Artes se hizo la lectura de El Quijote, que no inició el poeta jerezano sino Soraya, la vicepresidenta del gobierno, con su bello acento vallisoletano. Parece ser que el escritor gaditano se excusó por estar “Muy cansado” tras una jornada muy “intensa”. Sus 86 años pesan un poco, y nadie se lo va a tener en cuenta.

Los escritores, en vez de burlar el tostón de los adverbios, firman ejemplares en la plaza de El Callao; hay tertulias, encuentros, debates. Los editores envían a los autores a hacer la carrera y a trabajar unas horas como dependientes de librería y yo me pregunto qué celebran los escritores y los concejales. Quizás asisten unidos a las pompas y ritos de un funeral de Estado, la cremación de una constelación.

Se dijo que con el tiempo los libros serían tan obsoletos como los rollos de papiro y las planchas xilográficas, que empezarían a resultar baldíos. Ese momento se aproxima al juntarse dos asesinos, Internet y la recesión. Los libreros andan tristes y melancólicos porque se hunden sus librerías. La situación es dramática: caída del 40 % del mercado, pérdida del 30 % del empleo, cierre de decenas de tiendas cada semana. El futuro es cerrar. El libro, tal como lo acariciábamos en los anaqueles, se extingue; si una maestra le pregunta a un niño por qué ha robado comida en el colegio y el niño responde “era para llevárselo a mi abuelo que no come” es que el libro ha dejado de ser un artículo de primera necesidad.

En el pasado se hicieron guerras por el papel y la libertad de pensamiento. Cuenta Neruda que se instaló en pleno frente una imprenta, pero entonces faltó el papel y encontraron un viejo molino. “De todo echaban al molino, banderas del enemigo, túnicas ensangrentadas de los soldados moros, y a pesar de los insólitos materiales y de la inexperiencia de los editores, el papel quedó muy hermoso”.

Hoy no se necesita pasta vegetal, la sabiduría está huyendo a un cerebro central donde caben todos los pensamientos pasados y futuros, imprescindibles y vanos, sin necesidad de destruir más bosques.

EL libro ha volado desde la arcilla, el árbol, la seda, el papiro, hasta las estrellas. Se ha cumplido el sueño de Borges: en cualquier lugar del mundo hay una biblioteca; como suele ocurrir en los sueños, la biblioteca es infinita, universal, gratuita y libre. Desaparecen las librerías y es una noticia pavorosa, pero todo el que posea ordenador puede entrar gratis a la Biblioteca de Alejandría. Se están cambiando las vías para una nueva galaxia.