Ortocen Clínica del Pie

benidorm d 2013Este fin de semana estaba yo en Benidorm, paseando por el carril bici que surca las playas me crucé con una esbelta atleta que me resultó familiar, tanto fue así que me giré a mirarla y al unísono ella hizo lo mismo… ¡Sorpresa! Era Marta, una compañera de la barra de estiramientos en INEF, la valla de la ría que es desmontable y suele yacer por el “césped”, y que sirve como punto de reunión de quienes vuelven de los rodajes. Me contó su presente despues de volver a recordarme nuestro pasado común, y el aciago día en que decidiera yo morirme hace dos años. Como nada sabroso podía yo anunciarle, me interesé por si ella estaría invitada a la “subida a la cruz” del día siguiente; se trata de un diez mil que sale de la playa y termina a más de 400 metros de altura, donde hay un mirador que permite observar la Sierra Gelada (Helada) y la ciudad.

El domingo por la mañana, bien prontito, lo hice por mi cuenta, y con media docena de “paradas técnicas” de unos treinta segundos, alcancé la cruz. Estando allí arriba sentí la emoción de tiempos pasados, los tiempos de mis maratones, de mis “Cuerda Larga” de la Sierra de Madrid, de mis medias pedrestes por Navacerrada, y todas aquellas cosas, pretéritas y casi ancestrales cosas. Desde lo alto me paralizó una lejana sensación de bienestar, de sentirme bien conmigo mismo; de inmediato recordé la vitalidad y la alegría que se produce cuando practicamos la carrera, a ello lo llamamos “la euforia del corredor”. Tiene una explicación bioquímica en donde las endorfinas serían parte de la respuesta a estas sensaciones. Así que se me ha ocurrido contártelo aquí y con ello, rememorar.

Desde un punto de vista técnico, se trata de péptidos (pequeñas proteínas) derivados de un precursor producido en la hipófisis, que es una pequeña glándula de la base del cerebro, y que se provocan cuando hacemos deporte y esta glándula resulta estimulada, originando finalmente a las endorfinas. Estas proteínas que generamos con el ejercicio, actuarán sobre los receptores que producen analgesia, además de estimular un efecto sedante similar al que genera la morfina, un opioide exógeno (externo a nosotros) bastante conocido por estas mismas propiedades. Por esto, a las endorfinas se las consideran como nuestros opioides endógenos, es decir producidos por nuestro organismo.

Los estudios de los expertos demuestran que las endorfinas son capaces de inhibir (bloquear, para los no entendido) las fibras nerviosas que transmiten el dolor, además de actuar a nivel cerebral produciendo experiencias subjetivas, que son sensaciones intensas, bien conocidas por los deportistas, como son la disminución de la ansiedad y la sensación de bienestar, además de la analgesia y la sedación, antes mencionadas.

No solo el deporte nos hace secretar (producir, para legos) endorfinas, ya que en ciertas situaciones de estrés también se ha comprobado su producción, al igual que en la acupuntura, las relaciones sexuales, la sugestión y también en ciertos bailes rituales o ceremoniales. Está demostrado que los ejercicios de resistencia producen un aumento significativo en la secreción (producción de endorfinas).

Se conoce bien que el ejercicio de resistencia tiene un potente poder antidepresivo, ya que tendría un rol importante en mejorar el estado anímico y subir la autoestima, efectos que probablemente, se cree, estarían mediados por las endorfinas.

En definitiva, el ejercicio físico no sólo significa liberación de endorfinas, también está demostrado que la forma de vida en torno al deporte es saludable por muchas razones más. Está descrito que el ejercicio en forma sistemática produce una disminución del riesgo cardiovascular (sic, nota de autor), disminuyendo el sedentarismo al igual que la presión arterial, retrasa el inicio de la diabetes en personas con predisposición genética, y evita la obesidad, a la que se viene considerando como la pandemia de nuestro tiempo. Del sedentarismo hablamos copiosamente en nuestras páginas de este blog.  Estudios recientes muestran que realizar ejercicio, independiente del tipo (desde aeróbico hasta incluso caminar), por lo menos tres veces a la semana durante quince minutos, disminuiría hasta un 32% el riesgo de demencia en adultos mayores de 65 años, reafirmando el sentido literal de “mente sana en cuerpo sano”.

Evidentemente el deporte es un arma terapéutica que no puede ser reemplazada por la medicina convencional, es la única medicina que no se vende en  farmacias y aún es gratis, sólo depende de nosotros el realizarla.

Además de todas las propiedades que se han descrito, el ser deportista es un estilo de vida cada vez más necesario en este mundo tan ajetreado y vertiginoso. cuando nos sumergimos completamente en este mundo que genera la vida contemporánea, sabemos que no es saludable. Por lo tanto la forma de mantener el equilibrio es buscando la esencia de nosotros mismos, en donde aprendemos a trabajar en equipo o bien a reconocer nuestras limitaciones aprendiendo a superarlas, estas virtudes del estilo de vida que es el hacer deporte, se extrapolan a la vida cotidiana siendo necesarias para crear una sociedad más sana y evolucionada.

Por la playa, por el paseo marítimo, por el campo, en la pista, en la bicicleta elíptica, solo, acompañado, por la mañana, por la tarde, por la noche, como parte de un deporte de equipo, o simplemente correr y ya está; busca tu momento, busca tu fórmula, y ponla en práctica. sé que no necesitas más estímulos para hacer ejercicio pero, por si acaso, aquí tienes un motivo más.