Ortocen Clínica del Pie

Elias QuerejetaEl productor de cine guipuzcoano Elías Querejeta Gárate ha fallecido a los 78 años en Madrid.

El 24 de abril fue el último día que pude departir con él; conoció Ortocen a través de nuestra web. Hablamos del reciente cumpleaños de mi madre, la bilbaína. De nuevo se interesó por la zona dónde creciera Charito. Me mostró sus curvadas uñas en nívea piel y se dispuso a superar su prueba frente a mi “agresivo” alicate que detestaba.

Querejeta era pequeño, cargado de espaldas, vestido casi siempre con su inevitable jersey de cuello vuelto, y siempre, tomando contacto con la tierra mediante unos botines de alto tacón a modo de “contrapunto”; con su flequillo hasta no hace tanto pelirrojo, amante de los silencios (en el fondo, era un conversador preciso, después de elegir la temática)...  Era difícil aceptar que alguna vez hubiese sido futbolista. Cinco años jugó en primera división y uno en segunda con la Real Sociedad (la famosa historia de su gol al Real Madrid, la felicitación de Di Stefano, "pibe, qué gol"). Fue en esa juventud cuando empezó la verdadera historia interesante de Querejeta, el día que Eduardo Chillida, que también había jugado con la Real, le animó a que dejara el fútbol y se dedicara al cine si eso era lo que le pedía el cuerpo. Él, Chillida, lo había hecho y le había ido bien. Querejeta siguió sus pasos y hoy, el día de su muerte, con 78 años, todos celebramos aquella escapada.

Flashback: Querejeta en los años 30, niño querido en una familia bien de Hernani en que las criadas planchaban las sábanas para que los señores proyectaran las grabaciones que hacían con la Pathé Baby. Hubo incluso una película de Chaplin en casa, que Querejeta solía identificar como su primer recuerdo cinematográfico. Después llegaron la guerra, la adolescencia, los tanteos del muchacho con las carreras de Química y Derecho, el fútbol... Y, entonces, Chillida, los primeros cortometrajes junto a Antonio Ezeiza, el primer proyecto ambicioso ('A través del fútbol', de 1962), el traslado a Madrid, el encargo del guión de 'Los inocentes', de Juan Antonio Bardem. Y ahí, un descubrimiento: el del oficio de productor, su poder, su responsabilidad y, también, su capacidad expresiva.

Así que Querejeta decidió ser productor y en 1966 llegó su primer gran momento: 'La caza', de Carlos Saura, la historia de tres antiguos combatientes del ejército franquista que se reencuentran para una jornada de campo y se dan de bruces con sus fantasmas y sus miserias. Una película expresionista, dolorosa y áspera, increíble para un país como España, en 1966, que triunfó en el Festival de Berlín.

Elias Querejeta 2'La caza' fue también el comienzo del largo y paradójico encontronazo de Querejeta con el franquismo. Está contado mil veces que el título original de la película era 'La caza del conejo', pero la censura se tomó mal las connotaciones eróticas de la palabra conejo, y dejó el título en 'La caza', para bien, claro que para bien.

Durante los siguientes 10 años, Querejeta vivió infinitos episodios como ése. Pero, y ésa es la paradoja, también fue el franquismo el que dio alas al cine de autor español de los 70, del que Querejeta fue el gran animador. La Dirección general de Cinematografía y Teatro, dirigida en los primeros años de carrera de Querejeta por José María García-Escudero, necesitaba a cineastas como Saura, a productores como Querejeta, para mostrar una imagen más moderna y atractiva de España, a pesar de que después entablara una relación pasivo-agresiva con ellos.

Y entonces llegaron 'Peppermint Frappé', 'La prima Angélica', 'El espíritu de la colmena', 'Los cuervos', 'Mamá cumple cien años', 'El desencanto', 'Deprisa, deprisa', 'El sur', 'Tasio'... Y llegaron las palmas y los leones de oro y los osos de plata, Y llegaron Víctor Erice, Jaime Chávarri, Montxo Armendáriz, y, más tarde, Manuel Gutiérrez Aragón. Y Elías, que siempre aparecía por todas partes.

"Mi forma de trabajar", le gustaba decir, "es implicarme desde el principio en el proyecto de la película. Del guión al montaje. No sé si es bueno o malo, pero es mi forma de hacer. Por eso yo veo el resultado final antes de los estrenos, porque he vivido todo el proceso con intensidad desde el inicio. Yo trabajo sobre ideas que van surgiendo de conversaciones, de pequeños textos, nunca con un guión que ya me venga dado. Eso me permite más implicación".

Querejeta se ganó fama de productor intervencionista, hiperactivo, ambicioso e incansable. Una anécdota cuenta que, en el rodaje una escena de '27 horas' en el Paseo de La Concha, el productor se empeñó en que el plano necesitaba gaviotas en el cielo para ser perfecta. Lástima: no había gaviotas aquel día a la vista en San Sebastián. Querejeta compró el pescado y logró que las dichosas gaviotas aparecieran.

Los años 90 renovaron el vigor de Querejeta: 'Barrio', 'Familia', 'El último viaje de Robert Rylands', 'Historias del Kronen' y 'Las cartas de Alou' se añadieron a su currículo. Su hija Gracia Querejeta, y Fernando León de Aranoa se añadieron a su lista de autores de confianza. Después, su nombre fue perdiendo frecuencia. En el siglo XXI, produjo algunos documentales políticos o relacionados con la violencia en el País Vasco (asunto que ya aparecía en películas anteriores como 'Tasio'), junto a películas 'convencionales' como 'Siete mesas de billar francés', de Gracia Querejeta. Fue su último filme.