Ortocen Clínica del Pie

JavierEl impetuoso multimillonario propietario del equipo Dallas Mavericks Mark Cuban, de la Asociación Nacional de Baloncesto de los EUA, ha comprometido 100.000$ para financiar un estudio que determine si el análisis biomecánico podría distinguir caídas legítimas (no fingidas) durante un partido de baloncesto, de "triquiñuelas"; eso que algunos llaman “tirarse a la piscina” o “hacer un piscinazo”, y que en los EUA llaman “flops”. Al perfeccionista en mí le gusta esta idea. Pero el “yo” pragmático se pregunta si no se le encontraría quizás, un mejor uso para ese dineral.

Como aficionado al baloncesto, siempre he odiado los “flops” (cuando un jugador golpea melodramáticamente el suelo, se retuerce y hace una mueca con el fin de convencer a los árbitros que haber sido víctima de una falta que en realidad no ocurrió. Estas triquiñuelas son antideportivas, y una pérdida de tiempo para los árbitros, que interfiere con el flujo del juego, y crea una situación como la descrita por Esopo en su fábula “El pastor y el lobo”, un escenario en el que las lesiones justificadas no pueden ser tomadas en serio, al igual que en la moraleja de la fábula: “A un mentiroso no le cree nadie ni cuando dice la verdad”.

Se trata de un problema tal que en la temporada pasada, el delegado de la NBA David Stern estableció un sistema con el que se grabaron todos los posibles “flops”, se revisaron retrospectivamente y multaron a los jugadores que se hubieran “tirado a la piscina”.

Pero esas revisiones están lejos de tener base científica alguna. El Sr. Cuban parece tener la esperanza de que los biomecánicos de la Universidad Metodista del Sur en Dallas, utilicen sus dineros, junto a los conocimientos existentes sobre la biomecánica de caídas en las poblaciones de mayores y sedentarios, para llegar a una forma más precisa de distinguir un “piscinazo” de una caída que en realidad haya resultado de una dura falta.

Me gusta la idea, de verdad. Demasiado deporte de élite, como el baloncesto, está sujeto a la interpretación de los árbitros. Cuanto menos subjetiva sea la disquisición del juego, mejor será. Y dada la alta frecuencia de los “piscinazos” por el momento, la inversión sale como una buena medida de relaciones públicas del jefe Cuban.

En fin, si a mi me sobrasen 100.000$ para invertir en investigación biomecánica por mejorar el deporte, no es así como lo gastaría.

¿Por qué no estamos oyendo hablar de las inversiones de Mark Cuban en la búsqueda por ayudar a prevenir las lesiones del ligamento cruzado anterior,  esguinces de tobillo, fascitis plantar, o a como asistir a los jugadores lesionados a volver a su antiguo nivel de exquisitez? (Recuerde, amado lector, que la preparación física de los deportistas estadounidenses no la financian los clubes, como pasa en el futbol español). Me parece que el mantenimiento de los atletas sanos es tal vez lo más importante, tanto para el deporte como para el negocio, por encima del aumento de la precisión con la que se pudiera sancionar a un jugador por sus habilidades dramáticas. Una inversión de 100.000$ puede que no sea una gran cantidad de dinero para alguien como Mark Cuban, pero en el mundo de la investigación biomecánica ese tipo de financiación es una gran cosa, y en las manos adecuadas puede llevar a algunos avances significativos.

En el entorno de la televisión del reality, Mark Cuban es uno de los "tiburones" más destacados, y tienen la opción de invertir en empresarios esperanzados en tanque de tiburones de la cadena ABC. En la caja tonta, Cuban se presenta como un inversor selectivo, que desdeña regularmente los productos indocumentados que ofrecen imanes, nutra-céuticos, u otros ejemplos de lo que él llama "pseudociencia". Sin embargo, de vez en cuando él hará lo que parece ser una inversión impulsiva que deje a los otros tiburones multimillonarios balanceando su cabeza “de lado a lado”.

Tal vez la inversión en investigar los “piscinazos” resulte tener una gran recompensa. Pero mi opinión es que, por desgracia, no va a ser más que otra compra compulsiva.