Ortocen Clínica del Pie

Macpherson          La espectacular Elle Macpherson cumplirá el próximo marzo 50 años, y sigue sorprendiendo con su espectacular cuerpo y ...

            Llevamos tres décadas envidiando su cuerpo. Ahora, recién casada y a punto de cumplir medio siglo (¡quién lo diría!), nos descubrimos ante el cerebro con el que la top australiana ha sabido gestionar su extraordinario capital natural.

Hay un tipo de crueldad inmanente al mundo de las modelos: la certeza categórica de que, antes o después, dejan de ser perfectas. Algunas se retiran del mundo al estilo de Greta Garbo, para que no haya excesiva exposición mediática; otras inician una sucesión de tratamientos de belleza y retoques estéticos que pueden transformarlas, casi, en otras personas. Y también existen otros casos excepcionales, los de aquellas mujeres que, en parte por genética, en parte por haber tenido la lucidez de conducir su vida de manera saludable, se mantienen magníficas cuando superan la barrera de los 50. Elle Macpherson está a punto de cumplirlos (en marzo del año próximo), y sigue siendo lo que fue durante dos décadas: esa mujer a la que el mundo de la moda definió con solo dos palabras: “el Cuerpo”.

Este apodo, que acuñó para ella la revista Time Magazine en 1989, en una célebre portada, fue el colofón de una veloz carrera hasta el estrellato, iniciada con un anuncio de un refresco en 1982. Macpherson fue incluida a mediados de esa década en la lista de las supermodelos que transformaron el “star-system” de la moda.

Ella encarnó la fresca y sana esencia de la mujer deportiva. Así como Linda Evangelista era la quintaesencia del chic; Cindy Crawford la de la sensualidad carnal; o Christy Turlington la de la distante elegancia natural, Macpherson representaba la vitalidad de una vida activa y al aire libre.

Su aparición coincidió, y alimentó, el boom de las marcas de ropa deportiva que se vivió en las décadas de los 80 y los 90, en las que la sociedad asumió, como no había ocurrido antes, el gimnasio como una práctica necesaria y asequible en la cotidianidad de la urbe. Sus cinco portadas para la “biblia" deportiva, el número anual de bañadores de Sports Illustrated, siguen siendo un récord nunca igualado. También fue contratada por la revista Elle, donde apareció de forma permanente en cada número durante seis años consecutivos.

El cuerpo y el cerebro

Pero Elle Macpherson no solo puso su imagen al servicio de un nuevo rol femenino en manos de lucrativos negocios tanto editoriales como textiles. También fue la primera en cambiar las reglas del juego. “Trabajé durante años para Sports Illustrated hasta que me di cuenta de que estar en un negocio del que no recibía un margen de beneficios no resultaba nada interesante”, declaró hace unos años. “Nunca me dejé nublar por mi ego.

 ¿Era realmente maravilloso ser portada de las revistas o no lo era? ¿Y protagonizar anuncios de televisión? ¿Qué me reportaba? ¿Para qué estaba haciendo todo esto? Así que terminé por asumir que, si de verdad me quería granjear un futuro, necesitaba algo más tangible que los piropos por lo mona que se me veía en las fotos”. 

Apoyada por su entonces marido, el fotógrafo y director creativo de la revista Elle Gilles Bensimon (se casaron cuando ella tenía 21 años y él 42 y su matrimonio duró de 1986 a 1989), Macpherson empezó su lucha por los derechos de imagen. Cuando Sport Illustrated le pidió participar en un libro, les respondió con un muy revelador “¿Por qué he de hacerlo?”, hasta que la revista asumió que, o le pagaba un porcentaje, o dedicaba esa misma cantidad de dinero a un proyecto solidario que ella escogiera.

Poco después, cuando inició también una inaudita carrera como actriz ocasional de la mano de Woody Allen en “Alice” (carrera que aún mantiene, aunque mucho más espaciada en el tiempo), tuvo que repetir la jugada. Su escena de desnudo en “Sirenas” (1993), arropada por Hugh Grant, motivó una desesperada búsqueda internacional de fotografías que desnudaran definitivamente a “el Cuerpo”.

Sus colegas fotógrafos, miles de “paparazzi” por todo el planeta e incluso alguno de sus amigos íntimos fueron tentados con cantidades millonarias si conseguían esa imagen. Finalmente tuvo que ser ella la que tomara las riendas. Dicho y hecho: llamó a su amigo el fotógrafo Herb Ritts que accedió a retratarla tal y como vino al mundo. Y las fotos fueron vendidas por ella misma a la revista Playboy. Con lo que ganó, le compró una casa nueva a su madre. Definitivamente, “el Cuerpo” tenía un gran cerebro.

Emporio millonario

Al año siguiente, en 1994, abandonó la agencia Ford Models y creó su propia empresa para gestionar su carrera y sus ya punteros negocios: Elle Macpherson Incorporated. A través de ella ha gestionado los calendarios con su imagen que siguen reportando millones; programas de televisión como “Britain & Ireland Next Top Model”, “Fashion Star” y “Your Personal Best the Body”, en el que comenzó a utilizar su apodo de forma abiertamente comercial; tiene también su propia marca de productos de belleza, “The Body”, y una línea de lencería, “Elle Macpherson Intimate’s” que se vende desde hace 10 años en los centros comerciales de lujo. Ella, aparte de ser consejera delegada, también es la directora de Marketing y Publicidad: se encarga personalmente no sólo de crear las estrategias maestras de venta de su marca, sino de la producción de anuncios o incluso de acometer pequeñas acciones de microgestión.

Y además es una constante activista filantrópica: fue de las primeras en asociarse con el cantante Bono para el proyecto RED, en el que marcas comerciales creaban líneas de producto con beneficios orientados a la prevención del sida, la tuberculosis, la malaria y otras flagrantes pandemias que asolan África. También es embajadora de la australiana Fundación Sonrisa, que apoya a familias cuyos hijos padecen enfermedades de difícil diagnóstico y tratamiento, entre otros proyectos sociales.

Omnipresente en el mundo de los negocios, Macpherson es célebre también por el modo férreo con el que blinda su intimidad. Se sabe, eso sí, que ha habido tres hombres importantes en su vida: el primero, el fotógrafo Gilles Bensimon. El segundo fue el financiero francés Arpad Busson, padre de sus dos hijos –Arpad Flynn Alexander y Aurelios Cy Andrea, de 15 y 10 años respectivamente–, y del que se separó en 2005. 

El actual inquilino de su corazón es el multimillonario norteamericano Jeffrey Soffer, con quien se ha casado este mismo verano en Fiji.En secreto, como no podía ser de otra manera. “Tomé la decisión de blindar mi vida privada hace ya muchos años, y creo que tomé una decisión correcta”, zanja con determinación.

De lo que sí habla Elle Macpherson, y mucho, es de las rutinas con las que ha logrado esquivar el declive físico natural. “Mi motivación es sentirme siempre alegre, inspirada, apasionada, paciente, fuerte y saludable. Eso es más importante para mí que el peso que muevo en los aparatos del gimnasio, y está relacionado con todo: desde lo que como a qué tipo de ejercicio practico”. Pero vayamos al grano: “Hago una hora de algún tipo de actividad física todos los días. Si estoy en la montaña, esquío. Si estoy cerca del mar, nado. Practico yoga spinning. Y llevo siempre conmigo, adonde quiera que vaya, mis zapatillas de correr y mi iPod. Correr no es solo una manera muy eficaz para mantenerse en forma físicamente, también es una forma de practicar meditación, y eso te fortalece mentalmente”, afirma.

Cuestión de espíritu

Más allá de su envidiable aspecto físico, la modelo australiana aboga porque las mujeres de hoy dejen de preocuparse por cómo se ven, y se apliquen en mejorar el “cómo se sienten”. Y, por supuesto, se reafirma en algo que en ocasiones olvidamos: “Tienes que ser consciente de tu edad siempre, y disfrutarla al máximo. Estoy a punto de cumplir los 50 años por lo que, obviamente, no tengo el mismo cuerpo que cuando tenía solo 20, explica. Pero tampoco tengo la misma mentalidad: entonces la inseguridad y la timidez me sacudían hasta arruinarme la moral. Ahora aprecio mi madurez, mi profundidad de espíritu y mi comprensión de lo que soy y de lo que de verdad es importante para mí. Todo eso son cosas que me ha dado la edad. ¿Cómo no voy a agradecérselo?”

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