Ortocen Clínica del Pie

ojos cerradosEsta noche he dormido muy bien. Muchas horas. Me he sentido muy reconfortado al despertar. He abierto mis ojos y he repasado los acontecimientos de ayer, el enorme paseo a El Rastro, la charla con Julio y Karina en aquel cutrecafé, los planes de futuro cuando acabe de emerger de mi pozo, sima desde la que adivino la luz. Los proyectos se agolpan en mi sien, la vida me sonríe. Mi pesadilla se dibuja periclitada, la ilusión emerge.

Así son mis sentimientos, todo lo veo con mis ojos ávidos y sin embargo, percibo que aún me encuentro sobre la cama; descubro que el embozo cubre mi geta (Hablo de la mía, ¡que nadie se ofenda!), y que todo ha sido una ensoñación, o mi deseo… ¿qui lo sà?

Entonces, si tenía cerrados mis ojos y estaba viendo, ¿Qué se ve al cerrar los ojos? Quizás la respuesta sea que no veo nada, y ver la nada… Se supone que si estás vivo, la nada no existe.

De pequeño me decían “¡mira!” para ver, y aquí parece que lo que se reivindica es lo que se ve sin haber mirado…

En el Eclesiastés escriben “No hay nada nuevo bajo en sol”; para mí todo es nuevo, comienza un día nublado, y radiante dentro de mi cabeza, tan luminoso que me deslumbra antes de abrir mis ojos tristes.

Contradicción, magnetismo.

Ahí te quedas, camino.