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Nighlife in DonetskCompañero del metal, más en Pinto que en Valdemoro

Ucrania significa “frontera” y el espíritu del término persigue la agitada historia de este territorio demasiadas veces atormentado. La biografía personal de Victor Yanukóvich (Donetsk, 1950) viene a resumir también ese cruce de camino, razas, dialectos y poderes que ha sido y es Ucrania. Su padre, obrero del ferrocarril, era bielorruso, con ancestros polacos y lituanos; su madre, enfermera, era rusa, y murió pronto, por lo que el niño se crió con su abuela paterna, oriunda de Varsovia. Pese a semejante macedonia en su ADN, él siempre lo ha tenido claro y, de hecho, es difícil que se desprenda de la etiqueta de “hombre-títere” de Rusia. Para ser más claros, no parece probable que un grupo de agentes dobles, afines al Kremlin, lo envenene con dioxinas en vísperas de unas elecciones, tal y como le ocurrió a su rival político, Victor Yuschenko, que en 2005 ganó unos comicios que, por obra de la pócima, le dejaron “de regalo” la cara salpicada de cráteres.

De raíces obreras, Yanukóvich fue un compañero del metal hasta que se sacó, por correspondencia, el título de ingeniero mecánico. En 1991 la política entró en su vida y cinco años más tarde ya era gobernador de Donetsk. Desde entonces, representa la opción más afiladamente prorrusa del arco político ucraniano. Llegado al poder en 2010, ha tardado poco en pinchar los vientos proeuropeos que soplan en la mitad occidental del país. En realidad, y pese a que a veces ha querido aparentar que entre Rusia y la UE él estaba entre la espada y la pared, siempre ha estado más en Pinto (Moscú) que en Valdemoro (Bruselas). Ahora tiene el país a punto de nieve de guerra civil, con las estatuas de Lenin cayendo y las calles de Kiev ardiendo en pleno diciembre.