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MachiavelliDíez de diciembre 2013, 500 años de “El Príncipe” de Maquiavelo; la carta en la que Nicolás Maquiavelo relata haber escrito un tratado que inaugura el pensamiento político moderno.

Nace cerca de Florencia el 3 de mayo de 1469, en una culta familia de raigambre y “venida a menos”. Creció en tiempos de Lorenzo I De Médicis, el magnífico (por acoger en mecenazgo a Botticelli, Verrochio, Leonardo, Miguel Angel, y otras varias figuras del Renacimiento.)

Maquiavelo ingresó en la milicia, y después en la diplomacia, llegando a ser canciller. Viajó por las cortes de Francia y Alemania. Primero entró al servicio de Caterina De Sforza, de quien aprendió que “es mejor ganar la confianza de la gente que confiar en la fuerza”, y luego en la corte francesa de Carlos XII, a quien no encontró virtudes de Príncipe.

El papa Alejandro VI, padre de César Borgia, por quien muchos estudiosos señalan a César como uno de los modelos de “El Príncipe”, ocupa el tiempo de buena parte de su actividad. A la muerte del papa, acude a Roma para asistir a la elección de su sucesor, Julio II, gracias al favor de César Borgia, con quien tuviese desavenencias. Maquiavelo escribirá “Aquel que piense que los favores harán que los grandes personajes olviden ofensas pasadas, se engaña a sí mismo”. También admirará a Julio II, de quien aprendió que el osado, y no el precavido están llamados a gozar de fortuna y a conquistar a las mujeres.

Al conocer al emperador Maximiliano, padre de Felipe el Hermoso y abuelo de Carlos I de España para convencerle de no ampliar sus posesiones a costa de territorios italianos, logró salvar a Florencia. Consideró un pusilánime al emperador, en cambio, admiró a Fernando el Católico, su consuegro, quien había logrado grandes éxitos amparado en la Religión sin practicar los principios de la Piedad, la Fe, la Humanidad y la Integridad.

Perdió el apoyo de los Médicis cuando estos recuperaron el poder en Florencia; lo despidieron, lo apresaron y lo torturaron, por “conspiración contra la familia”. El papa León X medió en su favor y pudo retirarse, vivir con modestia, y escribir.

Escribió “El Príncipe” para asesorar a Lorenzo II de Médicis, a quien se lo dedica para congraciarse con él, contradiciendo su visión republicana por la del principado, es decir, por la dictadura romana.

Murió en 1527, sin alcanzar gran reconocimiento, aunque sirvió de guía para personalidades como Napoleón, que supo desprender de sus enseñanzas el famoso “El fin justifica los medios”.