Ortocen Clínica del Pie

Patones 6Empieza un año más, aquí estamos, alegres, pendientes del futuro que nos invade como la bruma mañanera.

Han pasado muchas cosas, en estos tiempos ocurren muchas situaciones con rapidez y sin pedir permiso.

Como bien sabes los que me queréis, estoy muy implicado en no mirar hacia atrás, y hacer futuro. Me siento fuerte, me siento centrado y poderoso, seguro y dispuesto a errar, como prueba en el futuro.

Ciertamente resulta gratificante la facilidad con que me estoy desenvolviendo, asuntos que esperaba se cruzasen en el camino, parece se escondan a mi paso; cuando siento que se le está ayudando a avanzar, siempre recuerdo a mis mayores, quienes desde sus convicciones sugerían que Dios proveería. Yo he considerado estos años que era capaz de cambiar las referencias antiguas y encontrar en los tiempos modernos, fuerzas superiores a las trasnochadas de antes. Me he equivocado, como hago cada día y cada noche por costumbre inveterada.

Me siento feliz, me levanto prospectivo, dispuesto a explorar o predecir el futuro, en cualquier materia, todas me interesan, en todas siento que podré aportar algo que ayude.

Arrastro una gran deuda que estimo imposible de satisfacer aunque dure los dos mil años que he previsto.

Aporto una foto de mis vestales. En la religión de la Antigua Roma eran sacerdotisas consagradas la diosa del hogar Vesta. Eran tan importantes que el colegio de las Vestales, y en tanto que públicas, eran una excepción al estar por encima del grupo masculino de sacerdotes. Soslayemos el espinoso tema de la virginidad, su función era mantener el fuego sagrado del templo de Vesta, situado en el Foro romano, así que no eran libres de salir de compras cuando quisieran; no tenía hijos, y hacían voto de castidad para atender a sus labores. Teodosio el Grande, en 394, las disolvió, y se acabó lo que daban de si.