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SOCHIRusia lo ha logrado, no se ha hablado en los 16 días de competición de otra cosa que no fuera deporte.

La vigésimo segunda edición de los Juegos Olímpicos de Invierno, celebrada en Sochi (Rusia) entre el 7 y el 23 de febrero, ha llegado a su conclusión con una magnífica ceremonia de clausura, en consonancia con el desarrollo de todo el acontecimiento, en la que la abanderada española ha sido Laura Orgué.

Pocas veces unos Juegos Olímpicos sirvieron para reforzar más la imagen de un país. Se llegó a Sochi con el miedo a un ataque terrorista y la idea de un estado, el ruso, muy alejado de lo recomendable en cuanto a Derechos Humanos se refiere. El primer problema lo solucionaron Vladimir Putin y los suyos con unas medidas de seguridad excesivas pero a la vez necesarias. El segundo asunto trajo más problemas. Cabe recordar la persecución a los homosexuales en Rusia, con quienes el Presidente ruso se esforzó, durante las más de dos semanas de competiciones, en mostrar un acercamiento, eso sí con gestos que parecieron en todo momento más fingidos que reales.

Pero sin duda si hay algo que destacar es el esfuerzo de la organización, que ha permitido que una ciudad de poco más de 340.000 habitantes acoja un evento de tal magnitud y lo haga saliendo bien parado. Sochi lo logró, no se habló en los 16 días de competición de otra cosa que no fuera deporte, y ese es el mejor termómetro para demostrarlo.

En lo deportivo Rusia finalizó primera en el medallero, por delante de Noruega y Canadá, y mostró al mundo la buena salud de sus deportes, en especial los de invierno. La delegación del país organizador concluyó con 13 oros, 11 platas y 9 bronces. Los campeones olímpicos rusos entraron al Estadio Fisht, abarrotado por 40.000 espectadores, portando la bandera nacional en la ceremonia final. Una ceremonia que conjugó belleza, humor, historia y emotividad.

El momento humorístico llegó cuándo en una de las múltiples representaciones de luz y color que se estaban dando en el centro del estadio, unos artistas se desplegaron formando los aros olímpicos pero solo 4 se abrieron, uno quedó cerrado como homenaje irónico a lo ocurrido en la ceremonia de inauguración -cuando uno de los aros olímpicos que se iban abriendo poco a poco no lo hizo por un error técnico-.

La historia llegó con el recuerdo a grandes personalidades de la cultura rusa como Serguéi Rajmáninov o Leon Tolstói. Y la emotividad y belleza corrieron a cargo de los bailarines que representaron varios números y de la niña Liuba, anfitriona de la apertura, y protagonista de nuevo este domingo.

Laura Orgué encabezó la expedición española

La esquiadora española Laura Orgué fue la abanderada en la clausura de Sochi. La catalana disputó con estos sus terceros Juegos Olímpicos y fue una de las grandes sorpresas de la delegación española con el décimo puesto que logró en los 30 kilómetros estilo libre este sábado.

En cuanto al resto de países cabe destacar la superioridad de Canadá en hockey sobre hielo, donde lograron oro en categoría masculina y femenina, y de los holandeses en patinaje de velocidad, donde obtuvieron 23 de sus 24 medallas en Sochi.

Mención especial merece el noruego Ole Einar Bjoerndalen, que a sus 40 años se convirtió en historia viva del olimpismo tras hacerse con dos medallas en biatlón -ambas de oro- y sumar así 13 preseas (o preseas condecoraciones) entre todas sus participaciones olímpicas, convirtiéndose en el primer deportista en lograrlo en Juegos Olímpicos de Invierno.

El cierre a estos días de deporte y confraternización entre países y culturas lo puso una de las mascotas, que apagó con un soplido la llama olímpica. Antes Sochi le cedió el testigo a Pyeongchang, Rusia a Corea, Europa a Asia. Allí en 2018 decenas de países se volverán a juntar en torno al hielo y la nieve.

Si te han gustado los juegos y piensas ir a Rusia en invierno,
recuerda donde dejaste el coche.