Ortocen Clínica del Pie

LUKE JOURNAL FA SEditorial
The Journal of Foot & Ankle Surgery

¿Abrumado con sempiternas reuniones, incesantes correos electrónicos e interminables peticiones de tu tiempo? ¿Alguna vez te has preguntado si no se te estará exigiendo más de lo que puedes dar?

Aquí propongo, negro sobre blanco, una solución: ¡da más aún!

No, no estoy de broma. Donar tu tiempo para ayudar a otros puede ser una fuente de regeneración energética y de entusiasmo. Pero debo advertirte: Emprende únicamente los esfuerzos que absolutamente, verdaderamente te muevan, las empresas que te aporten un sentimiento visceral de gratificación en lugar de un placer efímero, el tipo de empresas que supongan poner tu tiempo al servicio de la Humanidad. Parece una locura, ¿verdad? ¡No hay suficientes minutos en el día!

Pero te garantizo que el tiempo que pases sirviendo a los demás te será recompensado con la paz interior y una sensación de triunfo que perdurará y te reconfortará durante el esfuerzo. Horace Mann, el célebre pedagogo que reformó el sistema educativo estadounidense en el siglo XIX, concluyó su alocución de cierre del curso de la Universidad de Antioch en 1859 exclamando: "Os ruego atesoréis en vuestro corazón estas mis palabras de despedida: Avergüénzate si mueres antes de haber logrado alguna victoria para la Humanidad”1. Las palabras de Mann nos pueden inspirar para participar en programas de educación continua, escribir, dar conferencias y compartir nuestros conocimientos y experiencias en favor de otros menos afortunados, o que simplemente estén en un momento diferente de la curva de aprendizaje.

El tiempo empleado no tiene por qué abrumarnos. Podría abarcar desde pasar un par de horas como voluntario en el comedor social de tu localidad, o a una clínica para los sin techo, a pasar un par de semanas en una misión médica en otro país. O podría también donar su tiempo en organizaciones cívicas o profesionales, y aceptar posiciones de liderazgo. O podrías simplemente optar por ser una fuente de energía positiva, permaneciendo alerta a la vida que te rodea, en lugar de fomentar la negatividad y la reactividad.

En su obra maestra Walden, Henry David Thoreau ofreció esta idea: "Me fui al bosque porque quería vivir deliberadamente, afrontar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que los bosques podían enseñarme, en lugar de descubrir que no había vivido nada al llegar a las postrimerías de mi vida"2. La perspectiva de Thoreau nos sirve, no sólo como una filosofía de vida personal, sino también para nuestro devenir profesional. Deberíamos actuar deliberadamente, hacer que cada interacción cuente y ser conscientes de lo que las afecciones de nuestros pacientes y ellos mismos pueden enseñarnos. Mediante la definición de lo que realmente nos mueve y su persecución implacable, crecemos. Entonces, cuando compartimos estas búsquedas íntimas a través del servicio a los demás en todas las facetas de la vida personal y profesional, nuestra propia vida mejora. Cualquiera que sea el camino que elijas, comienza hoy mismo. La vida es corta. Creo que fue Peter Drucker, el consultor de gestión empresarial y educador, quien una vez afirmó que una persona debe saber a los cincuenta por qué ella o él desea que le recuerden. Esto nos invita a reflexionar sobre nuestro sentido de la propia identidad, sobre quiénes somos, sobre cuál será nuestro legado y nuestro enfoque en la vida, la familia, los amigos y nuestra profesión. Así que… expresa tu pasión, utiliza tu voz y tus actos, y mantén la fe; el alcance del efecto dominó del altruismo en imprevisible. Marca una diferencia en la vida de los demás y del mundo. El servicio a los demás nos eleva mental, física, emocional y espiritualmente. Fomentar las conexiones humanas a través de la entrega nos muestra nuestra vitalidad individual y después nos permite acrecentarla. Cuando compartimos esa vitalidad a través de la entrega, es asombroso cuán vitales nos sentimos como recompensa.¿Hay alguien entre nosotros que no quiera sentirse vivo al máximo? ¿Cuál es tu capacidad de servicio?

Luke D. Cicchinelli , DPM, FACFAS
Especialistas en Pie y Tobillo de East Valley
Mesa, Arizona

References
1. Mann H. Baccalaureate address, Antioch College, 1859. In: Life and Works of Horace Mann, vol. 1, p. 575, edited by M Mann, Walker Fuller, Boston, 1868.
2. Thoreau HD. Walden, 
Signet, New York, 1980, p. 60. 

Comentario del editor

El doctor Cicchinelli regresó recientemente de otra Misión Médica del Pie y Tobillo, en esta ocasión en la Republica de El Salvador; con este motivo, le pedí que escribiera unas palabras de aliento para los ocupados profesionales que pudieran estar interesados ​​en las posibilidades de servicio altruista a los demás. Su ejemplo inspirador ya me había llevado a a que le acompañase, y también al director de programa Todd Gunzy, DPM, FACFAS, en su misión de este año. La misión fue patrocinada por la Greater Philadelphia Chapter of Healing the Children, organización humanitaria sin fines de lucro que se dedica a asegurar cuidados médicos y quirúrgicos a los niños de todo el mundo que estén necesitados de ello; y por la Sección de Rotary International en San Salvador.

Nuestro equipo médico completo constaba de 21 voluntarios de Estados Unidos: 7 cirujanos (2 de ellos residentes en formación), 4 enfermeras de quirófano, 2 anestesiólogos, 2 enfermeras anestesistas, 3 enfermeras de sala de vigilancia intensiva, y 3 técnicos ortopédicos. Cuatro podólogos cirujanos de pie y tobillo de España se unieron a nosotros en El Salvador, y nos ayudaron, no sólo por su experiencia quirúrgica, sino también por su habilidad bilingüe, lo que ayudó a la hora de comunicarnos con los pacientes y sus familias. Cada uno de nosotros llevamos suministros médicos y quirúrgicos donados por clínicas, hospitales, colegas y amigos, y cada quién se ocupó de los costes de viaje, alojamiento y manutención. Operamos en el Hospital Militar Central, en San Salvador, y se nos proporcionaron 3 quirófanos, una sala de preoperatorio y recuperación, 2 salas de exploración, sala de radiología y material radiológico.

La semana comenzó un domingo cuando recibimos a 95 niños y desarrollamos los planes de tratamiento que iban desde el escayolado y adaptaciones de ortesis de miembro inferior, a la intervención quirúrgica. Los ortopedistas tuvieron mucho trabajo desde el primer momento. Se instalaron en el pasillo de mantenimiento del hospital edificio, donde decenas de niños y sus familias esperaban en fila para recibir y revisar aparatos ortopédicos y ortesis, la mayoría de los cuales fueron utilizados o adaptados posteriormente, y los niños recibieron los zapatos a medida que se les facilitaban. La geografía en un lugar como El Salvador, a menudo  excluye la terapia con escayolas seriadas, pues existen grande problemas para el traslado de los pacientes, y peor si se trata de escayolados semanales, por ello, la reparación quirúrgica se convierte en el procedimiento más “conservador” en muchas patologías. Un lunes por la mañana comenzamos a operar, y utilizamos entre dos y tres quirófanos a pleno rendimiento hasta el jueves. No había esterilizados de gases, así que esterilizábamos en soluciones de esterilización en frío que implicaban la introducción de nuestro instrumental en glutaraldehído. La mayoría de los pacientes quirúrgicos fueron tratados por medio de sedación intravenosa y anestesia espinal, y con diversos grados de anestesia regional y local.

Terminado el tiempo de la misión, siguieron llegando hasta 35 familias el  lunes por la mañana, y los estuvimos “adecuando a los plazos ya en desarrollo”, y estuvimos ideando momentos para intervenciones, encontrando instantes entre las cirugías programadas, así como adecuando tratamientos que sirviesen para permitirles irse de allí con esperanza.

Tratamos una amplia gama de deformidades congénitas y adquiridas, entre ellas había pies equinovarus congénitos, piés valgos convexos, deformidades angulares y rotacionales, simpolidactilias, pies zambos residuales (después esfuerzos terapéuticos previos usando ya fuese cirugía o fusiones), y braquimetatarsias (por nombrar algunos), así como deformidades postraumáticas de pie y tobillo. El viernes terminamos visitando a nuestros pacientes hospitalizados, cambiando vendajes y yesos, y ultimar los planes de alta, despidiéndonos de nuestros pacientes y sus familias, cuya sincera gratitud fue humillante. Era, como el Dr. Cicchinelli había vaticinado, una experiencia enriquecedora y energizante.

D. Scot Malay, DPM, MSCE , FACFAS
Editor
The Journal of Foot & Ankle Surgery

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