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La SebastianaValparaíso se encuentra cercada por las llamas; el fuego acabó ayer en Valparaíso, Chile, con la vida de más de diez personas, y la esperanza de diez mil evacuados, cuyas casas han sucumbido desde la activación de las llamas durante la noche del sábado. Valparaíso, histórica ciudad balneario de Chile, es desde entonces, el escenario de la tragedia. La orografía y urbanismo de la ciudad, plagada de cerros y calles por adecuar, dificulta la extinción de los incendios, las llamas crecen  de modo vertiginoso por las fuertes rachas de viento.

“Siento el cansancio de Santiago. Quiero hallar en Valparaíso una casita para vivir y escribir tranquilo. Tiene que poseer algunas condiciones. No puede estar ni muy arriba ni muy abajo. Debe ser solitaria, pero no en exceso. Vecinos, ojalá invisibles. No deben verse ni escucharse. Original, pero no incómoda. Muy alada, pero firme. Ni muy grande ni muy chica. Lejos de todo pero cerca de la movilización. Independiente, pero con comercio cerca. Además tiene que ser muy barata ¿Crees que podré encontrar una casa así en Valparaíso?”

pedicura infantildifícil de encontrar una casa que satisficiera las aspiraciones del poeta Pablo Neruda, pero sus amigas Sara Vial y Marie Martner encontraron la obra gruesa de un caserón, situada en el cerro Florida. La había construido el español Sebastián Collado, quien destinase todo el tercer piso a una pajarera. Don Sebastián murió en 1949 y aquella casa inconclusa y llena de escaleras quedó abandonada muchos años.

Al poeta le gustó la construcción, entre otras cosas, por lo disparatada que era; como la encontró muy grande, la compró a medias con la escultora Marie Martner y su marido que se quedaron con el subterráneo, el patio y los dos primeros pisos, mientras Neruda tomaba posesión de los pisos tercero y cuarto de la torre. “Salí perdiendo, decía en broma, compré puras escaleras y terrazas”. Tenía una vista privilegiada sobe la bahía.

La casa se inauguró el 18 de septiembre de 1961, con una gran fiesta. Neruda la bautizó “La Sebastiana” en honor de su primer propietario y constructor. Para tal ocasión escribió el poema “La Sebastiana”, que después incluiría en el libro Plenos poderes. En su inicio dice: “Yo establecí la casa. / La hice primero de aire. / Luego subí en el aire la bandera/ y la dejé colgada/ del firmamento, de la estrella, de/la claridad y de la oscuridad…”

Esa vez Neruda condujo a sus invitados por turnos a la torre, desde donde dominaba todo el puerto con sus catalejos. Allí incitaba a sus acompañantes a mirar en cierta dirección, hacia una casa donde aparecía una mujer desnuda que se tendía en el techo a tomar el sol. Nunca nadie logró verla. Tal vez sólo aparecía para el poeta.