Ortocen Clínica del Pie

Carlos SoriaEl abulense, que corona a los 75 años el Kanchenjunga, su ochomil número 12, es un ejemplo de longevidad física gracias al entrenamiento continuo de una voluntad encomiable y envidiable.

Carlos Soria tiene 75 años y el menisco interno de la rodilla izquierda roto, sufre artrosis, le duele la espalda y está operado de cataratas. Y este domingo coronó el Kanchenjunga (8.586 metros), la tercera montaña más alta del planeta y su ochomil número 12, nueve de ellos cumplidos los 60. Es por supuesto la persona de más edad en hollar esta cima, como ya lo fue antes en el K2 (65 años), Broad Peak (68), Makalu (69), Gasherbrum I (70), Manaslu (71; 37 después de haberlo intentado por primera vez) y Lhotse (72). Otro récord más para un deportista singular, un caso único de longevidad al más alto nivel, aquel adolescente que descubrió los picos saliendo de excursión, soñó con ellos cuando trabajaba de tapicero y se escapaba en Vespa, puso su primera pica grande a los 51 y hoy, patrocinado desde 2011 por el banco BBVA, tiene a vista el reto de convertirse en la persona de más edad en completar los 14 techos del mundo.

Carlos Soria cumbresEl caso de Carlos Soria es la demostración de que la voluntad mueve montañas. Y una maravilla para la ciencia de la preparación física. En ese pequeño cuerpo (1,65 metros y 60 kilos) se esconde un alpinista con un gran fondo y que no deja de entrenarse ni un solo día al menos durante dos horas y media. Su frecuencia cardiaca en reposo es de 45 latidos por minuto, cuando un hombre de su edad está entre los 70 y las 75, y un deportista en plenitud como el ultramaratoniano Kilian Jornet está en 34. En pleno rendimiento, como la subida al Kanchenjunga, Soria ronda los 148 latidos. El abulense escala en roca y en hielo, practica el esquí de fondo y la bicicleta de montaña, y es muy estricto y metódico con los horarios y la alimentación. “Muy disciplinado y trabajador”, explica Juan del Campo, su preparador físico; “él tiene claro que ha de hacer ejercicio todos los días”. El menisco roto y la artrosis los compensa con una hora diaria de trabajo de fortalecimiento, trabajo con pesas y lastres, y tobilleras. Una pared con enganches en su casa le sirve para echar mano de los piolets, y desde hace un tiempo ha potenciado el equilibrio y la coordinación (por ejemplo haciendo bíceps con mancuernas sobre un cojín hinchable), facetas que había cultivado menos durante su vida. Cuando no está de expedición, camina apenas un par de días a la semana. Sube por ejemplo dos veces en bicicleta a Navacerrada en etapas de unos 50 kilómetros, y en casa simula cambios de ritmo en la estática, un minuto fuerte y dos suaves, pasando de 110 a 145 pulsaciones.

Juan del Campo, preparador físico cuenta ...

“No descansa ni un día. Si ha de dar una charla, se levanta a las seis para no perder la preparación física”;

“Lo más importante a su edad es entrenarse lo más posible. No puedes parar. Si paras, te has parado. Y a él le encanta entrenarse. Su lema es ‘nunca hay que parar”.

Un cerro cercano a la casa de Carlos en Moralzarzal le sirve de puesta a punto. Tiene calculado que invierte una hora entre subirlo y bajarlo. Él lo hace tres veces seguidas. Antes ha desayunado bien servido. Come ajo y toma miel en lugar de azúcar.

“La dieta la hace de manera natural”

“No le cuesta privarse. Come mucho, pese a lo delgado que está. Puede comerse tres plátanos seguidos. Lo quema todo”.

El menisco roto lo solventa al fortalecer mucho los cuádriceps, y casi nunca le molesta, si acaso más en las bajadas.

A favor de Carlos Soria está que se conoce mucho a sí mismo, sabe escuchar a su cuerpo, y una genética que le permite una gran capacidad de aclimatación. No en vano calcula que ha vivido en una tienda de campaña por encima de los 5.000 metros unos cinco años de su vida. El “efecto recuerdo de la altitud” es una gran baza a sus 75 años. “Su caso demuestra la tendencia que hay a alargar la vida del deportista, a estar más tiempo en el vértice del sistema deportivo” explica Xabier Leibar, director del Centro de Alto Rendimiento del Gobierno vasco, y que ha trabajado con los alpinistas Iñurrategui, Vallejo y Zabalza. La clave es el entrenamiento. Es el beneficio del ejercicio continuo toda la vida. Cuando lo dejas, el deterioro es más fácil”.

Carlos Soria explica que su plenitud física llegó a los 50. “Entonces era imparable”, cuenta. En 1973 y 1975 había participado en las primeras expediciones españolas al Himalaya. A los 51 años holló su primer ochomil, el Nanga Parbat. Hoy sigue manteniendo la misma filosofía de que “la cumbre es el campo base”. Mientras baja al del Kanchenjunga, sigue asombrando a los 75. Tiene 12 ochomiles. Y le queda cuerda.