Ortocen Clínica del Pie

espolonEn el año 70, quizás antes, mi padre Luis Aycart Vijuesca, empezó a intervenir espolones en su consulta, su diminuta consulta de General Yagüe 4; aún conservamos la propiedad, la semana pasada tuve la oportunidad de visitar el lugar, olía a la confusa y deliciosa fragancia de aquellos tiempos felices; percibí mi adolescencia remota, en los Aycart construyendo su vida y buscando un futuro para la pródiga familia.

Por aquellos días, Luis estudiaba junto a su “Collins”, en las revistas que le llegaban desde América, desde los lejanos Estados Unidos donde el correo necesitaba diez días, y las revistas profesionales tardaban tres meses, en “cruzar el charco”. Aún las conservamos en la biblioteca de Patones, ordenadas y compiladas como se encuadernaba el “Monitor” de entonces; y con sus apuntes manuscritos al margen del texto. Cuando ahora revuelvo en los anaqueles, con alguna frecuencia encuentro mis “correcciones lingüísticas” que tanto apreciaba mi padre de su vástago mayor” (¡Cuanta satisfacción le producía confirmar que el esfuerzo que les costaba estaba valiéndoles la pena!).

Uno de los escritores podiatras (los equivalentes a los podólogos españoles), que más gustaba a Luis leer, era al doctor Albert R. Brown, de Margate, en Florida. (Citas Dr. Albert R. Brown en nuestra web: a, b, c, d, e)

Fue de la lectura de sus textos de donde le vino la inspiración al estilo del “eureka” de Arquímedes, y cuándo decidió probar, comprobar y divulgar en España; provocó la “Revolución” en nuestro oficio y puso la primera piedra para la ascensión hacia el admirable escenario en que la profesión se mueve ahora.

Pues bien, su técnica favorita era la exoctectomía M.I.S. “a ciegas” del espolón calcáneo. Le maravillaba que el doctor Brown la hiciese de tan sencilla manera. Luis y los colegas de entonces, sabían bien lo tortuosos que eran los resultados de los traumatólogos españoles quienes mediante incisión plantar, hacían la misma extirpación pero pasando por un punzante y complejo postoperatorio. Como podólogo tenía un singular número de pacientes de quiropodia con tal señalada y dolorosa cicatriz.

EscachsEn la tarde de ayer, mientras disfrutaba de ver ponerse al luminoso sol del verano sobre los tejados de mi ciudad, llamé por teléfono a nuestro amigo Al Brown, lo primero que hizo fue reprocharme candorosamente que no le hubiese contestado aún, a su carta de la semana pasada, ya que estábamos hablando, me trasladó su nueva web que te presento aquí, y que ha montado ahora, a sus ya 94 años de disfrute en la Tierra; sin más preámbulos, pasó raudo a los recuerdos, Charito, Juanjo Araolaza, que el recuerda con un apelativo familiar común que siempre que puede me recuerda, Manuel Albalá, Leonardo Escachs bajando con paso acelerado por la platea de la sede del congreso en Alicante del año 1980 (no sé cuántas veces he rememorado este “sucedido” a mis resignados amigos), un Leonardo muy alterado, gritando ¡No!, ¡Noo!, ¡Nooo Luis, eso no lo podemos hacer!.

Gran barullo, comentarios, Brown ávido de traducción, Luis explicándole la situación y la representación de los políticos presentes… La sala aplaudía que se caían las lámparas. Allí había muchos más de los grandes, si quisieras rememorarlo conmigo, entra en el relato de otro célebre madrileño de la Podología que es Tomás Urién Blázquez.

Este fue el último congreso de nuestro monstruo de la profesión, el amado Leonardo Escachs Clariana.

En la cabecera te muestro las radiografías de nuestro último espolón calcáneo al estilo Brown y Aycart. Se trata de una cocinera con sobrepeso, de las que tiene que trabajar a pié firme, y que no ha dejado de hacerlo a pesar de los dolores, “el mercado del trabajo no está para bromas”.