Ortocen Clínica del Pie


oriente medio 1Existen en nuestro planeta territorios marcados por la tragedia: no conocen la paz o, a lo sumo, la conocen esporádicamente, siempre con preeminencia de los estadios bélicos. Quizás la más destacada en ese sentido sea la llamada "medialuna de las tierras fértiles", un arco apto para el cultivo (y consecuente supervivencia) que se extiende desde Israel y Siria, hasta la desembocadura del Éufrates y el Tigris, en el Golfo Pérsico. Son las tierras donde empezó la historia humana y donde, como se dijera antes, raramente hubo extensos períodos de paz.

En el siglo XIX, con el expansión del capitalismo europeo, se forzó una reorganización política arbitraria, creando países sobre lo que antes había sido el Imperio Otomano. Esas áreas multiplicaron su conflictividad en el siglo XX al descubrirse su enorme riqueza en petróleo, y por la instalación del enclave israelí en la antigua Palestina, con el aval de las naciones de Occidente. De allí en más adelante, por una u otra causa, la muerte y la desolación han sido el rasgo característico de esos territorios, claves en el tablero geopolítico internacional.

La ocupación estadounidense de Irak habilitó la creencia de que, al menos por algunas décadas, la situación se mantendría en una suerte de "pax americana", sostenida por las armas. Por eso mismo sorprendieron las últimas noticias llegadas de aquel país: una fracción del islamismo (chiitas), con una capacidad bélica que nunca se hubiera sospechado (al menos los informes occidentales jamás habían anticipado nada de ella) ha desatado una guerra de proporciones y tanto que en sus acciones ha conseguido tomar nada menos que Mosul, la segunda ciudad de Irak en importancia y gran centro petrolero. La ciudad original está en el margen oeste del rio Tigris, al otro lado estuvo la antigua ciudad asiria de Nínive, que también apadrinara una actividad guerrera en los albores de la historia, y que aparece reflejada en la Biblia. 

medio orientePero al margen de su eficacia bélica, este ejército reivindica un impresionante programa: la creación de un Estado islámico que integrarían Turquía, Irak y Siria, desconociendo los límites trazados por los occidentales en el siglo XX. Ese Estado, por supuesto, tiene como enemigo irreconciliable a Israel. 

La inesperada caída de Mosul y el avance hacia el sur con la toma de poblaciones de menor importancia pero vulnerando al ejército iraquí, ha hecho sonar múltiples alarmas en occidente, siempre atento a cuidar ese petróleo que consideran como propio. Hasta se ha hablado de una intervención de la OTAN y de una vuelta de las tropas estadounidenses, cuya ocupación tanto daño causara en Irak.

Las noticias destacaban que, junto con la caída de la ciudad, se había producido un desplazamiento de alrededor de medio millón de personas, que huían hacia el sur. El dato recuerda que las guerras no solamente producen destrucción y muerte sino también emigraciones forzadas; de hecho los de Mosul se deben sumar a los tres millones de sirios que huyen de su devastado país.

Como se advierte la situación agrega otro foco al casi permanente incendio de Medio Oriente, ahora más cargado con un rasgo de fanatismo y tentación beligerante que agrega un dolor más a los sufridísimos pueblos de aquella región.

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