Ortocen Clínica del Pie

consejo 0La mayoría de nosotros hemos escuchado la frase, "hay un paciente conectado al pie", en algún momento de nuestra formación como podólogos. No cabe duda de que esta oración es un intento del profesor por hacer hincapié en que el resto de la salud del paciente es pertinente al tema específico en el pie. He tratado de hacer de este concepto un principio rector en mi propio acercamiento a los pacientes, y cuanto más me adentro en la profesión, más pienso en la totalidad del paciente.

Sin embargo, a pesar de esta tradicional advertencia, me sorprende mucho observar la negligencia no sólo de algunos especialistas de la extremidad inferior, sino también de otros profesionales, al evaluar la salud general de los pacientes cuando se enfrentan al cuidado de sus pies.

He aquí un ejemplo con algunos cambios para proteger el anonimato. Operaron a una de nuestras pacientes de una infección en un hospital de esta ciudad. Durante la estancia de la señora en el hospital, se diagnosticó una trombosis venosa profunda y la paciente inició correctamente su tratamiento con Aldocumar® antes del alta. La paciente abandonó el hospital con un dispositivo de presión negativa, para su drenaje, y comenzó el seguimiento en nuestra clínica. Unos diez días después, la enfermera a domicilio notó hemorragia a través del dispositivo de presión negativa. Ella cambió el vendaje pensando que tendría algo que ver con el dispositivo, pero a los pocos días la paciente se asustó debido a un sangrado continuo. Fue a las urgencias de su zona donde habilitaron de nuevo el dispositivo de drenaje y la paciente regresó a su casa.

Una semana más tarde recibí a la paciente en nuestra consulta. El vendaje estaba empapado en sangre, aunque no presentaba en aquel momento un sangrado activo. Pensamos que la única explicación razonable sería que la paciente padecía alguna coagulopatía relacionada con el antiagregante prescrito. Su dosis de Aldocumar® era demasiado alta, lo que conducía al sangrado de su herida, ¡y lo empeoraba el dispositivo de presión negativa!.

La parte más lamentable de este episodio fue que durante este tiempo, nadie en Urgencias o en Atención Primaria, solicitó la analítica pertinente (INR, del inglés International Normalized Ratio, o el tiempo de protrombina TP). Es indudable que esta paciente sufrió de la visión en túnel de alguien que dejó de pensar en la paciente en su totalidad y se centró sólo en la herida del pie. No fue hasta que la paciente entrase en la clínica podológica que llegaran a revisar el historial clínico en su totalidad.

De nuestras experiencias con este tipo de pacientes, me gustaría hacer dos recomendaciones principales:

En primer lugar, referido al paciente, toda vez que no se aprecia mejoría después del tratamiento o ante quejas extrañas, de alguna manera, tomemos en consideración una causa “proximal” extrínseca al pie.

¿Con qué frecuencia recibimos pacientes con dolor en el talón que alguien ha diagnosticado previamente como de fascitis plantar, sólo para descubrir más tarde que el paciente realmente sufría de una radiculopatía lumbosacra? Para mí, esto es una ocurrencia relativamente común entre esos pacientes que buscan una segunda opinión para el dolor pertinaz del talón. Un problema similar puede ocurrir con las discrepancias en la longitud de las extremidades. Todos ellos son problemas muy habituales, con frecuencia está involucrados con tratamientos del dolor en el talón que antes nunca habían alcanzado el éxito.

En la misma línea, una vez tuve una joven paciente que se presentó con una erupción petequial no purpúrea y que no blanqueaba, en ambos arcos longitudinales internos de los pies. Su padre tenía un historial de derrame cerebral a los 35 años de edad. Todo esto justificaba que después de obtener la historia completa, pidiese algunas pruebas de laboratorio, tras lo cual se diagnóstico una coagulopatía hereditaria. Podríamos haberle diagnosticado a ella una tinea pedis o una dermatitis y enviarle a su casa, pero nos habríamos equivocado. Pensar hacia fuera de lo nuestro en el caso del pie de esta paciente podría haberle salvado la vida.

En segundo lugar, desde el atril de esta humilde caverna mediática, sugiero a los organizadores de las grandes conferencias podológicas que añadan espacios más amplios abarcando cuestiones de medicina general, que nos actualicen sobre los últimos avances y problemas en la atención médica de cada momento.

Pasamos mucho tiempo en nuestros congresos escuchando charlas y conferencias sobre tal o cual procedimiento quirúrgico, o el próximo gran dispositivo de fijación, pero deberíamos seguir formándonos en patología general para tratar adecuadamente a nuestros pacientes y educarles en salud.

¿Sabías que hay un nuevo documento de 2014 con nuevas directrices para la vigilancia de la hipertensión?

¿Sabes algo acerca de los recientes avances cardíacos que puedan afectar a nuestros pacientes con edema de miembros inferiores?

¿Cómo afectará la enfermedad renal crónica en el miembro inferior? (en inglés, este último…¡lo siento!)

No estoy sugiriendo que nos convirtamos en expertos en el tratamiento de la hipertensión, de la enfermedad renal, o de cualquier otro trastorno médico general. Sin embargo, seguimos diciendo a la comunidad nacional que somos los EXPERTOS en la Medicina que tratan el pie y el tobillo. Si ese es el caso, entonces tendríamos que seguir pensando por encima del pie, buscar la fuentes de actualización de conocimientos, mantener nivel de formación continuada, y utilizarlo en beneficio de los pacientes.

Sólo puedo echarme a temblar cuando pienso en mis propios pacientes anteriores que podrían haber recibido mejores diagnósticos y tratamientos míos si no me hubiera quedado en mi silo del pie. Espero seguir mejorando en el futuro. ¿qué harás tú?

¡Con mis mejores deseos colega, beso tus pies!