Ortocen Clínica del Pie

resilienciaAunque parezca una paradoja, bastantes personas tienen la capacidad de salir fortalecidas tras pasar por una experiencia traumática; de sacar partido de la adversidad.

Hay personas que son capaces de resistir situaciones extremas y salir fortalecidas de ellas.

Ignoro de donde he sacado este término, y sin embargo, me encuentro muy abrigado en su significado; entiendo que la entereza incluye la parte del león de la palabra señalada. Recuerdo a María de Villota, haciendo virtud de su pesar, de su limitación, riendo ante el mundo frente a la cámara, me preguntaba cuanto tiempo habría dedicado a pintar sus labios antes de someterse a los interrogatorios-entrevistas.

Eric Abidal, que dibló a la Parca jugando para Tito Vilanova, visitó a sus antiguos compañeros tras la muerte del entrenador diciendo “tenía que estar aquí”; ¿no es esto hacer virtud del sufrimiento propio? Igual puede decirse de Stephen Hawking, y de tantos otros; en un momento dado dignificaron la condición humana como nadie.

En su día, la fatalidad les golpeó sin miramientos, pero lejos de hundirse, paradójicamente todos ellos salieron fortalecidos del trauma vivido.

Este fenómeno responde al nombre de resiliencia. Según la definición de la Real Academia Española, se trata de “la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. A la estadounidense Emmy Werner se la considera como la pionera en efectuar un estudio, a mediados del siglo pasado, sobre resiliencia; ella heredaría el concepto del psicoanalista británico John Bowlby, quien a su vez lo tomó prestado de la física. De este ámbito es de donde procede, originariamente, el término. La física lo define como la capacidad que tienen algunos metales para doblarse y luego volver a su posición original cuando se deja de ejercer presión sobre ellos.

En psicología, “se usa la metáfora de los juncos, “Cuando el caudal aumenta considerablemente, los juncos de los ríos se doblan sin romperse y sin quebrarse, y luego vuelven a su posición original cuando las aguas recuperan su aspecto habitual”.

¿Es posible ser resiliente, o es algo genético?
Son muchas, o bastantes para ser exactos, las personas que tienen, entre sus aptitudes, la de ser resilientes. Aunque puede tener algo que decir, la genética no determina de manera unívoca que un individuo cuente o no con esta, dijéramos, habilidad. Y es que se puede aprender a ser resiliente, aunque no todo el mundo puede hacerlo.

El problema de este posible aprendizaje radica en que para saber si uno cuenta, o no, con la capacidad, se necesita pasar por una experiencia extrema. Esa es la prueba de fuego y es lo que hace que uno lo confirme”. De hecho, “la persona (y esto enlaza con otro concepto psicológico que se llama crecimiento tras la adversidad) descubre esas capacidades nuevas que desconocía y se siente mucho más seguro para enfrentarse a otras experiencias. Uno redescubre cuáles son sus determinados valores, y esto conduce a un cambio vital, de filosofía de vida”. 

Para muestra, un botón. “Ahora veo más que antes lo que es importante en la vida”, dijo la piloto de Fórmula 1, Maria de Villota, días después de perder el ojo derecho a causa de un accidente con su monoplaza.

Identificada como una patología
En el siglo pasado, a las personas resilientes, por desconocimiento, se les había llegado a tachar de enfermizas. “Antes, cuando no había ni siquiera términos, y por supuesto menos aún teorías sobre aspectos positivos relacionados con las fortalezas humanas, se interpretaban estas realidades con las teorías que habían. Y sólo había teorías para lo negativo”.

En consecuencia, al final se acababa identificando un rasgo positivo como algo patológico: que si estaban reprimiendo, que si estaban encapsulando la vivencia traumática y no la estaban expresando… cuando, en realidad, eran personas resilientes al 100% que estaban sumergidas en un proceso totalmente sano. 

Cabe recalcar que una persona puede tener experiencias de dolor sin que, necesariamente, tenga que vivirlas en el plano más social. “En paralelo, incluso, puede mantener una actitud bastante positiva, sin perder la capacidad de disfrutar”. 

La fe, ¿generadora de personas resilientes?
Se ha observado que la espiritualidad y la religiosidad pueden ayudar a algunas personas a ser más resilientes. Y lo pueden hacer por la vía de dar sentido a determinadas experiencias adversas y, también, por el apoyo social que pueden recibir las personas que pasan por un trauma vital (al contar con un entorno que puede favorecer la expresión de las emociones). Aunque es necesaria la flexibilidad, las creencias demasiado rígidas, sean de tipo religioso o de otro, están asociadas a una peor recuperación tras la adversidad.

Sacar partido a la adversidad
Al final, todo se reduce a intentar sacar la parte positiva de una situación extrema vivida, algo nada fácil. Y es que hay que ser consciente de que la adversidad está presente en nuestras vidas y antes o después vamos a encontrarnos (en mayor o menor medida) con ella. “Hay que intentar aprovechar las oportunidades que te pueda dar la adversidad. En frío, todo el mundo preferiría obviarla, pero una vez estás sumergido en una situación difícil hay que intentar, en la medida de lo posible, tratar de sacar algo bueno de ella.