Ortocen Clínica del Pie

Aquiles 0A pesar de que el tendón de Aquiles puede lesionarse en varias localizaciones diferentes, una de las peores lesiones posibles de los corredores se produce cuando el Aquiles es dañado directamente en su inserción sobre el talón. Se la conoce como la “tendinitis de la inserción del Aquiles”, este tipo de lesión aquilea es singularmente difícil de curar.

En un estudio que valoraba la tasa de éxito asociada con los ejercicios convencionales, sólo el 32% de los atletas que se presentaron con una tendinitis de la inserción del Aquiles mejoró; después de haber completado un período de entrenamiento de 12 semanas. El dato se compara con la tasa de éxito del 80-90% cuando se utilizan los mismos ejercicios para tratar lesiones del Aquiles que no hayan ocurrido en la inserción. Esta frustrante lesión es más probable que tenga lugar en los corredores con arcos longitudinales internos elevados e inelásticos,  sobre todo si poseen la deformidad de Haglund.

Aquiles 1Hasta hace poco, se creía que la causa biomecánica para el desarrollo de la tendinitis de la inserción de Aquiles era bastante simple: “correr excesivamente es la causa de que el tendón de Aquiles se rompa hacia abajo en la porción posterior de la fijación del Aquiles, donde las fuerzas de tracción son mayores”. Si bien esto tiene mucho sentido, la reciente investigación ha demostrado que lo cierto es todo lo contrario: el tendón de Aquiles casi siempre se rompe en la sección delantera del tendón, donde las fuerzas de tracción son más pequeñas.

Aquiles 2Mediante la colocación de medidores de deformación dentro de las diferentes secciones de los tendones de Aquiles, y luego lastrando los tendones con el tobillo colocado en una variedad de ángulos, los investigadores de la Universidad de Carolina del Norte descubrieron que la parte posterior del tendón de Aquiles se expone a cantidades mucho mayores de tensión (particularmente cuando el tobillo se movía hacia arriba), mientras que la sección delantera del tendón, que es la sección dañada con mayor frecuencia en la tendinitis de inserción, estuvo expuesta a cargas muy bajas. Los autores del estudio sugieren que la falta de estrés en el zona anterior del tendón de Aquiles (que ellos denominaban el efecto protector de la tensión) puede ocasionar que se debilite esa sección, y fortuitamente falle.

Como resultado de ello, el tratamiento de una tendinitis de la inserción del Aquiles debería significar el refuerzo de la zona más anterior del tendón. Esto se puede lograr realizando una serie de ejercicios de carga excéntrica mediante una amplitud de movimiento parcial. Es particularmente importante trabajar al tendón de Aquiles con el tobillo en flexión plantar máxima (es decir, de pie y de puntillas), porque esta posición coloca una mayor cantidad de tensión en la parte delantera del tendón, que es la más frecuentemente dañada. En comparación con los ejercicios convencionales del Aquiles, los ejercicios de Aquiles de amplitud parcial tienen mucho mejores resultados.

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En un estudio piloto de 27 personas que habían estado sufriendo tendinitis de la inserción del tendón de Aquiles durante más de dos años, casi el 70% respondió favorablemente a los ejercicios de movimiento parcial en tan sólo 3 meses.

Otro componente por tener en cuenta en el tratamiento de las lesiones de la inserción del Aquiles es que el contrafuerte de la cazoleta de la zapatilla no debería entrar en contacto con la parte dañada de la inserción del Aquiles. En los últimos años, muchos fabricantes de zapatillas de running han añadido una angulación hacia delante y arriba del contrafuerte del talón que hace que el talón se proyecte directamente contra el tendón de Aquiles. Esta adición a menudo empuja a la parte posterior de la inserción de Aquiles y ocasiona inflamación crónica, sobre todo si la deformidad de Haglund está ya presente. El tratamiento en esta situación es la búsqueda de zapatillas de atletismo que no entren en contacto con la inserción del Aquiles. Una alternativa sencilla es cortar la parte superior de la espalda del apoyo de talón para que no toque el tendón. También es importante evitar las zapatillas con mucho “control de movimiento” para el tratamiento de las lesiones del tendón de Aquiles, porque su rigidez inherente aumenta la longitud del brazo de palanca desde el tobillo hasta el antepié, lo que acrecienta la tensión en el tendón de Aquiles.

La consideración final en el tratamiento de las lesiones de la inserción del Aquiles es que se debería evitar los antiinflamatorios comunes, como los AINEs, que han demostrado hace poco cómo reducen significativamente la curación tendón-hueso en animales de laboratorio. Aún siendo eficaces para el alivio del dolor, la significativa reducción de la curación tendón-hueso, aumenta la probabilidad de que una lesión de la inserción del Aquiles se convierta en algo crónico. En lugar de reducir temporalmente la inflamación con medicamentos, el enfoque que preferimos es el de corregir el problema mediante el fortalecimiento del tendón con ejercicios