Ortocen Clínica del Pie

lava su ropa"Se puede ser feliz jugando fútbol sin ganar dinero", explica Jordi Ferrón, que también logró dos Copas del Rey, fue líder de Primera y ahora ha llegado a Tercera, donde "la satisfacción es nuestra única prima".

Fue subcampeón olímpico en Sidney 2000 junto a Xavi o Puyol. De hecho, se crió con ellos en el Barcelona, donde "te lo daban todo hecho. No te tenías que preocupar de nada. Podías ir con las manos en los bolsillos al vestuario. Sin embargo, ahora mi mujer y mi hija me tienen que ayudar a preparar la bolsa. Siempre se me olvida algo. En el vestuario no tenemos ni armario. Tienes que llevarte hasta el jabón". Así lo cuenta Jordi Ferrón que, después 14 años de futbolista profesional, ha decidido jugar en el Cabrera de Mar. Un club de la Tercera división catalana. Un absoluto contraste con la vida de ayer, en la que llegó a ganar dos Copas del Rey con el Zaragoza (2001 y 2004). "Naturalmente, eso es otra cosa", acepta. "Ahora, ya no juego por dinero, porque no lo hay y no nos importa que no lo haya. No lo necesitamos para divertirnos. Nuestra prima por ganar también es importante: la satisfacción".

"De convivir con ídolos he pasado a hacerlo con personas"

Ahora, sus compañeros en el Cabrera ya no son Xavi ni Puyol. Ni siquiera ese Esnaider que conoció en el Zaragoza. Ni ese 'Toro' Acuña, que venía de hacer grandes Mundiales con Paraguay, o ese Savio, que había triunfado en el Madrid. "De convivir con ídolos he pasado a hacerlo con personas. Aquí hay empleados de banca, jardineros, un panadero, un fisioterapeuta, hasta funcionarios... Gente que pone en peligro tener una lesión que le obligue a coger la baja en el trabajo. Pero esa es la alegría de competir en una cancha, la que te demuestra que se puede ser feliz jugando al fútbol sin ganar dinero, la que te anima a hacer sacrificios como, por ejemplo, la de empezar los entrenamientos a las nueve de la noche, llegar a casa y tirarte una hora quitando el caucho que desprende la hierba artificial y que se cuela en las botas o la de llegar y meter tú mismo la ropa en la lavadora. Es algo que desde los 10 años, cuando entré en el Barça, no había hecho nunca. Y, sin embargo, ahora hago todos los días".

"Tengo una medalla olímpica en casa de mis padres"

Contagiar felicidad

Jordi Ferrón (Barcelona, 1978) tiene la sensación de que ahora le está "devolviendo al fútbol todo lo que me dio". "Tengo una medalla olímpica en casa de mis padres. Tuve suerte. Pillé una época buena en la que se ganaba un dinero que no se gana ahora. No puedo engañar a nadie. Tengo una estabilidad que, si hubiese trabajado en el negocio de mi padre, de impresor de industrias gráficas, como mi hermano, sé que no tendría. Por eso puedo estar ahora en el Cabrera, vivir, levantarme y hacer lo que me gusta o, al menos, lo que me pide el cuerpo. Sé que, a los 36 años, esto no es lo más normal. A casi todo el mundo que conozco la crisis le ha afectado".

"La primera vez que entré en el vestuario del Barça me encontré a gente como Figo, Luis Enrique o Victor Baia"

Pero ese es el producto de haber sido futbolista de elite. "La primera vez que entré en el vestuario del Barça me encontré a gente como Figo, Luis Enrique o Victor Baia. Eres un chaval y eso te marca para toda la vida. Luego, no pude quedarme, pero resulta que me fui al Rayo y me encontré con Juande Ramos que con un equipo de retales, consiguió que fuésemos líderes de Primera División varias jornadas. Luego, me fui al Zaragoza y gané la Copa del Rey... Son recuerdos que están guardados en mi caja fuerte y que me ayudan a ser feliz o a contagiar felicidad. Siempre me he visto como un privilegiado".

"Cogí esta oportunidad del Cabrera porque quería seguir jugando al fútbol, no quería dejar la cancha"

No sólo es futbolista del Cabrera, sino también entrenador. "Algo muy mal tendría que ir", justifica, "para que yo, que he jugado en Primera, no pueda ser titular en un equipo de la Tercera catalana". En cualquier caso, esto ya no es como antes. Ni siquiera como en sus últimos años en el Badalona de Segunda B, donde no se fue él, "sino que dejaron de contar conmigo", matiza. "Por eso cogí esta oportunidad del Cabrera. Quería seguir jugando al fútbol. No quería dejar la cancha. Quería vivir otra cosa y realmente no sé lo que pasará en el futuro. Sólo sé que ahora estoy cerca de mi casa, en Vilassar de Mar y hago lo que quiero hacer. Supongo que eso no tiene precio. Si antes trabajaba la ambición, ¿por qué no trabajar ahora la felicidad? Me lo merezco".

El futuro no le obsesiona. "No sé si seré entrenador. Supongo que sí, pero no tengo prisa. Luis Enrique se tiró dos años corriendo maratones después de retirarse. Pues este año en el Cabrera es, para mí, como los maratones de Luis Enrique. Y en el camino nunca dejo de acordarme, ni siquiera de poner de ejemplo al Puyol que conocí en el Barcelona y en los Juegos de Sidney. Él nos demostraba en cada partido y en cada balón lo que es el corazón"

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