Ortocen Clínica del Pie

  • mutiladoEste marine mutilado por un explosivo pasó de estar deprimido a lograr un cuerpo 10

  • "Me abandoné al alcohol", asegura Galloway

Más que el cuerpo escultural, en el concurso que convocó la revista Men's Health en busca de la figura masculina del año, se impuso el espíritu de superación. Por primera vez ganó un mutilado de guerra, un hombre que no vio bien por donde pisaba una noche en el cruento y prolongado conflicto de Irak y se quedó sin brazo y sin pierna.

Diez años después de aquel devastador accidente, Noah Galloway ha inspirado a millones de personas en todo el mundo con su historia, capaz de salir de la depresión y partir por la mitad los cánones de belleza que aún imperan en esa clase de revistas.

Galloway, un veterano de guerra de 32 años, tuvo claras sus opciones cuando supo del certamen y no dudó en competir junto a otros 1.300 participantes, un motivo de entusiasmo en su casa de Birmingham, Alabama, donde vive junto a sus tres hijos. "Ellos fueron los que me sacaron de la depresión en la que estuve sumido durante casi cinco años. No hacía otra cosa que fumar y beber, sin llegar a ser un alcohólico, pero cayendo en el abandono y estando muy lejos de mi mejor forma física".

"Había días en los que ni siquiera salía de casa. Me convertí en un maestro a la hora de ocultar mis emociones", asegura

Esa fue la parte más compleja, salir del trauma psicológico de haber estado destinado en Irak en dos ocasiones como marine del ejército estadounidense, primero durante un año y después otros cuatro meses, cuando se topó con un alambre al que estaba conectado el explosivo que le mutiló el cuerpo.

"Fue muy difícil salir de ese bache", confiesa Galloway en una conversación telefónica con LOC. "Creo que la pérdida de la pierna y el brazo me hicieron estar más centrado en eso que en la cuestión psicológica. Y salí del mal momento en el que me encontraba porque siempre he tenido un espíritu muy positivo en la vida. Mis amigos y mi familia fueron claves".

En concreto, Galloway habla de sus tres hijos y del ejemplo negativo que les estaba transmitiendo cuando no tenía optimismo en la recámara. "Había días en los que ni siquiera salía de casa. Me convertí en un maestro a la hora de ocultar mis emociones. Nadie se daba cuenta de lo que me pasaba por dentro, pero volvía a casa a fumar y a beber, sumido en la depresión".

Hasta que en 2010 se empezó a mirar en el espejo y se dio cuenta de lo fuera de forma que estaba, "yo que había sido un obseso de los gimnasios y de hacer ejercicio". Ese fue un factor. "El otro, y el más importante, fueron mis hijos", confiesa. "No quería que aprendieran las cosas negativas de mí, que mis dos varones siguieran un ejemplo que no era y que mi hija, la más pequeña, entendiera por mí el concepto equivocado de lo que es un hombre".

Así que Galloway, con una prótesis en la pierna para poder valerse por sí mismo y armado con una fuerza de voluntad que le ha convertido en héroe local en Alabama, regresó al gimnasio, con la dificultad añadida de no tener máquinas adaptadas a su condición.

"Soy un hombre de extremos, así que pasé de estar hecho polvo a poner toda la carne en el asador", recuerda. "Lo duro fue que no había ningún plan diseñado para alguien sin un brazo y una pierna. Tardé un tiempo en dar con la clave, con diferentes técnicas y aparatos. Cambié la forma en cómo me estaba alimentando y empecé a tener más energía".

Ahora su objetivo es que su historia suene por todo el mundo, que su caso ayude a cambiar la vida de miles de personas hasta que la atención de los medios comience a ceder. "Estoy teniendo llamadas de todas las partes del mundo y un seguimiento masivo a través de Facebook y Twitter. Por eso espero que la gente que me escuche, tanto si son discapacitados como si no, se inspire con mi caso para ser mejor personas, que se superen. Yo he conseguido cambiar".

Un soldado estrella en Irak

Pese al estallido que tuvo que aguantar en sus piernas y sus brazos, Galloway no recuerda sus días en Irak con rencor. Es más, explica que siempre transitaba con "una sonrisita tonta" por el campo de batalla. "Uno de mis compañeros me preguntó: '¿Cómo puedes estar así, si vivimos en el infierno?' Y le dije que estábamos haciendo lo que la mayoría de la gente no puede, que era estar dentro de una película en la que nosotros éramos las estrellas, los protagonistas. Eso me ayudó a seguir adelante". Ahora eso ha quedado atrás, mirando siempre hacia el futuro pero sin descuidarse, para evitar una recaída.

Hay por ahí fuera gente ejemplar, “felicidades marine”,
este nuestro modesto blog se honra divulgando paradigmas vivientes.
Javier, de Ortocen.

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