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Desnutricin obesidadDesnutrición y obesidad, un doble desafío para la salud pública mundial

Léalo con cuidado, nada sobra en este artículo

La desnutrición y la obesidad conviven con frecuencia en el mismo país y, a veces, hasta en la misma casa y representan un doble desafío para la salud mundial, por lo que la OMS aboga por incluir la malnutrición entre los objetivos de desarrollo sostenible que la ONU aprobará en 2015.

La directora de Salud Pública y Medioambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), María Neira, ha alertado hoy en la segunda jornada del Congreso Mundial de Nutrición y Salud Pública sobre la necesidad de conectar los problemas nutricionales con estos objetivos de desarrollo sostenible que la asamblea general de la ONU prevé aprobar en septiembre del próximo año.

Neira ha llamado la atención sobre los efectos negativos que tanto el cambio climático como la mala gestión de la producción de alimentos causan a la salud nutricional de la población.

La experta de la OMS ha aludido a los cambios que están introduciendo los desastres naturales en los patrones de producción de alimentos de países especialmente afectados por inundaciones y sequías y a las dificultades de acceso al agua potable que existen en países africanos, lo que dificulta el acceso de la población a los nutrientes que se precisan.

A la vez, en los países ricos (NOSOTROS), cada año se tiran o se consumen de forma innecesaria miles de millones de toneladas de alimentos, es decir, se desperdician porque no existe una gestión coordinada y estratégica de la producción, lo que, a su juicio, contribuiría a resolver los problemas de malnutrición.

Por su parte, el experto en nutrición de la Universidad de Hohenheim (Alemania) Hans Kinrad Biesalski ha destacado que en los países desarrollados la crisis económica ha provocado que frutas y vegetales disminuyan o desaparezcan de una cesta de la compra en la que los alimentos más baratos, y con menos nutrientes, son ahora los protagonistas.

Este cambio de pautas alimenticias aboca a la malnutrición a los niños menores de dos años, a los que se deja de suministrar la dieta que necesitan, con lo que pasan a sufrir lo que Biesalski ha denominado "hambre oculta", que puede condicionar en gran medida su desarrollo posterior y que también es responsable de la obesidad infantil.

Biesalski ha destacado que, frente a lo que ocurre en los países en vías de desarrollo, donde sí existen datos sobre desnutrición, en Europa no hay estudios exhaustivos sobre el "hambre oculta", sino encuestas, como una que ha hecho en Cataluña, lo que ha achacado a que "es muy difícil creer que frente a tal abundancia de producción de alimentos, las familias puedan tener dificultades".

Este experto en nutrición de la Universidad de Hohenheim ha informado de que, según un estudio elaborado en ese país, el 60% de los ancianos que viven en asilos sufren desnutrición, no porque pasen hambre, sino porque, al tener menos apetito, no ingieren los nutrientes que necesitan.

Benjamin Caballero, profesor de salud internacional en la Facultad de Salud Pública Bloomberg y profesor de Pediatría de la Facultad de Medicina, ambas de la Universidad Johns Hopkins (Baltimore, EEUU), se ha referido a la penetración de los "alimentos chatarra" en casi todos los países del mundo como uno de los devociones en la globalización de la producción.

Esto ha llevado a incorporar calorías baratas con no mucho valor nutricional en casi todos los países del mundo, sin que muchos de ellos hayan solucionado aún sus problemas de deficiencias nutricionales.

Esta "situación dual", que se da en regiones con pobreza y subnutrición y en centros urbanos, con sobrepeso, se ha hecho extensible a los hogares, donde puede coexistir subnutrición en niños de hasta cinco años con sobre-nutrición en adultos.

Caballero ha considerado que, ante la dificultad de que los niños se autorregulen y de que las compañías vendan menos su producto, es factible establecer, sobre todo en países en vías de desarrollo, algún tipo de regulación que penalice la comercialización de bebidas gaseosas azucaradas en las escuelas, como fórmula para combatir el sobrepeso infantil.

Como ejemplo de este tipo de políticas, Caballero se ha referido a lo que se ha hecho en algunos países de Iberoamérica, como México, donde desde enero se gravan las bebidas gaseosas y donde también se ha establecido un impuesto del 8% a la comida chatarra, estrategias que también se aplican en Chile, Uruguay, Ecuador o Brasil. En España aún no se hace.

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