Ortocen Clínica del Pie

ImpluviumEste refugio es el Edén en la Tierra; en su impluvium realizo mis abluciones cada mañana,  esa sala de columnas de aire ante la inmensidad de la amable Naturaleza con jarales emergentes entre pizarras.  

Mi gente, bajo la batuta fuerte y armoniosa de Karina, disfruta y vive el deleite rústico de nuestra domus.

La pizarra tiene origen volcánico; aún no hemos encontrado fumarola alguna que nos indique la presencia de formación generatriz del fuego profundo. Mientras lo espero sin prisa, me recreo en el recuerdo, en la fabulosa historia de la lejana erupción del Vesubio en el 79 d.C., que sepultase Pompeya y Herculano.

El domus latino era un tipo de casa romana de las familias acomodadas cuyo cabeza de familia, el paterfamilias, ostentaba el título de dominus. En realidad, casi todo el mundo vivía en casas de materiales perecederos, de los que apenas quedan rastros.

La fotografía donde se nos encuentra la tomé en el atrio, de espaldas al jardín interior; tras los invitados se halla el vestíbulum, de diminutas dimensiones.

A los lados, al estilo de los romanos, en vez de las maiorum imagines de nuestros antepasados, encontraríamos bosquejos, piezas en facturación,  evocando el pasado, incluso un sorprendente árbol genealógico tallado en la pared, con todos quienes pisamos y pasamos por aquí.

Yo soy feliz mientras me abrazan quienes quieren ayudarme a avanzar en las procelosas aguas del presente.

Mañana empieza ahora. Apenas puedo esperar a que calme; siento entereza, siento que “la fuerza me acompaña”, como en aquella peli.

Estoy aquí, dispuesto a que se cuente conmigo, a seguir ayudando a mis iguales a hacer camino.

"En román paladino, con un vaso de bon vino". (Gonzalo de Berceo)