Ortocen Clínica del Pie

Charito 2014Los indicadores no articulares fueron señales muy potentes de las particulares limitaciones en la movilidad.

Las posibles variables reversibles, como los factores psicosociales, los síntomas articulares, y la composición corporal tuvieron más impacto en la velocidad de la marcha de pacientes con artritis reumatoide (AR) que las características articulares, según los investigadores.

Según los datos de 132 pacientes con AR que emprendieron un paseo cronometrado de 400 metros de recorrido, varios indicadores extraarticulares significativos de una velocidad de caminata lenta representaron el 60% de la variación observada en la velocidad al caminar, mientras que las funciones articulares específicas, tales como extremidad superior / inferior o la participación de articulaciones pequeñas / grandes, representaron sólo el 21% de la variación explicable, según informó Jon T. Giles, DM, de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York, y sus colegas en el  Arthritis Care and Research .

Estas variables fueron:

Entre las características articulares, la velocidad más lenta estuvo principalmente relacionada con grandes o medias participaciones de las articulaciones en las extremidades inferiores. Para los participantes con peor composición corporal, el que tuviesen cualquier característica relevante se asoció con una velocidad de paseo 20% menor (P<0,001), en comparación con sólo una velocidad del 6% menor, para aquellos con mejor composición corporal (P = 0,010).

"La suposición de que las funciones articulares son el mayor contribuyente a la limitación de la movilidad en la AR puede ser infundada, como otras características tales como el dolor generalizado, la depresión y la fatiga son también posibles contribuyentes", escribieron los autores.

La velocidad de la marcha ha sido previamente identificada como un predictor inmejorable de acontecimientos adversos en ancianos sanos de la población general, explicaron los mismos autores.

La edad de los participantes en el estudio rondaba entre los 45 y los 84, y sin antecedentes conocidos de la enfermedad cardiovascular; se inscribieron en el estudio de cohorte longitudinal Evaluación de la Enfermedad Cardiovascular Subclínica y Predicción de Acontecimientos en la Artritis Reumatoide (ESCAPE RA, en inglés)

Los pacientes fueron como promedio blancos y del sexo femenino, con una duración media de la enfermedad de 12 años y pocos síntomas depresivos. La mayoría eran seropositivos para el factor reumatoide (FR) y con anticuerpos antiproteínas citrulinadas (ACPA); y como promedio tenían actividad de la enfermedad en la categoría entre bajo a moderado. La gran mayoría (87%) estaban en “falta de tratamiento con fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad no biológicos y casi la mitad fueron tratados con fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad biológicos (principalmente anti-TNF).

Se pidió a los pacientes con movilidad plena hiciesen 10 vueltas arriba y abajo en un pasillo de 20 metros, caminando rápidamente a un ritmo mantenido; mientras, el personal registraba la velocidad en m / s. Un total de 107 pacientes completaron un total de 400 metros, y la velocidad media fue de 0,95 m / s. Alrededor de una cuarta parte (26%) caminó a una velocidad de <0,8 m / s.

La discapacidad auto-reportada por los pacientes fue cuantificada mediante el Cuestionario de Evaluación de la Salud de Stanford, el dominio de la función física de la Encuesta de Salud Short Form 36, y el Cuestionario de Valoración de las Actividades de la Vida.

Otras tasaciones incluyeron una evaluación de 44 articulaciones, la de tres ítems de la Puntuación por Actividad de la Enfermedad en 28 articulaciones con la proteína C reactiva (PCR), radiografías de manos y pies, medicamentos actuales, los síntomas depresivos, la fatiga, el dolor, tomografía de tórax para evaluar la enfermedad intersticial pulmonar, el índice de masa corporal, y la medición de tejido adiposo y muscular en abdomen y muslos. Las pruebas de laboratorio midieron los niveles de marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva, anti-CCP (anticuerpos del péptido cíclico citrulinado), y la interleukina 6.

El mayor indicador único negativo de la velocidad de la marcha era la mayor edad, que representó el 27% de la variabilidad explicable. El siguiente indicador más fuerte fueron los signos articulares, con la articulaciones prostetizadas representando el doble de la variabilidad explicable de las articulaciones inflamadas (8,7% versus 4,4%). El sexo, la enfermedad pulmonar intersticial, la duración de la AR, el estado de los auto-anticuerpos, los marcadores inflamatorios, y las dataciones radiográficas no llegaron a asociarse con la velocidad de la marcha independientemente.

El único indicador positivo estudiado fue la mejor composición corporal; en los que tienen más masa muscular roja y densidad, la asociación de las características articulares con las medidas de desempeño fue mínima.

"La mejor composición corporal negó la mayor parte de los efectos perjudiciales de las articulaciones sintomáticas sobre el impedimento físico", escribieron los autores. "las modificaciones de estilo de vida para optimizar la composición corporal pueden ser un complemento importante para el tratamiento médico intensivo con fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad, ya que las investigaciones recientes han demostrado que el entrenamiento físico estructurado en los pacientes con AR es capaz de alterar la composición corporal, disminuir la discapacidad y mejorar el rendimiento físico."

El estudio tuvo algunas limitaciones, como el uso de una puntuación de composición de la propensión corporal, la cual no puede haber reflejado elementos de composición corporal individual. Este último podría utilizarse para identificar objetivos concretos para la intervención, aseguraron los autores. Agregaron que "la investigación sobre la correlación entre los parámetros de composición corporal y el desempeño individual están actualmente en marcha."

Notas
El estudio fue apoyado por becas del NIH y el Instituto Nacional de Artritis y Enfermedades Musculo-esqueléticas, y de la Piel; y el Centro de Investigación Clínica de la Universidad Johns Hopkins Bayview Medical Reserch Center.
Giles obtuvo una subvención de la NIH /Instituto Nacional de Artritis y Enfermedades Musculo-esqueléticas y de la Piel.
Los autores afirman no tener relaciones con la industria.

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