Ortocen Clínica del Pie

the artist

¡Qué peli!, No es mi madre una cinéfila aunque frecuenta los cines madrileños por aquello de pasar un rato y compartir el café con las amigas. Ella es quien me ha animado a verla. Hay mucho ruido, a poco que escarbas, alguien te la recomienda; me acerqué a verla el jueves sin haber revisado críticas de sesudos, pues suelen delimitarme la imaginación.

Película en blanco y negro, ¡Sorpresa! Claro que menos noticioso resultó más tarde el descubrir que era muda.

Tengamos paz, me recuesto en la butaca y comienzo a indagar en la pantalla, de inmediato aparecen mis recuerdos de la niñez al tiempo que me intereso por el argumento. Se trata de la historia de un triunfador cinematográfico del cine mudo durante los años veinte en que aparece el cine sonoro y de la agonía de su carrera profesional hasta caer en el olvido.

Una mano amiga a su lado es la de Peppy, quien antes hubiera sido ayudada por nuestro protagonista George, y que ahora intenta facilitarle su duro deambular en los comienzos del nuevo cine sonoro. Es la historia de dos destinos entrelazados presentada sin falta alguna. Una belleza a la que yo daría un oscar de esos.

La definición de los planos es asombrosa, los contrastes están inmaculados. Las sombras discurren por el plano sin apenas sentirlo. Los actores han disfrutado del trabajo, se aprecia, es una obra redonda. Este espectador disfruta casi dos horas introduciendo el sonido de los recuerdos propios, y dejándose llevar por la sensación.

Sorpresa