Ortocen Clínica del Pie

colegio pilarEntré en Jardín de Infancia para salir a los 17 por COU, haciendo “cola” para ver a Franco recién fallecido en el Palacio Real. Era un colegio masculino y “de pago”. Mis padres me sacaron de la guardería que su empresa, Bazán, tenía para los hijos de los empleados en el mismo bloque de edificios donde residían.

De mis dos primeros años recuerdo el nombre de Sor María, como el de mi profesora, y recuerdo que me quería. La infancia era feliz, el cole disfrutaba, y disfruta en la actualidad, de un patio de juegos gigantesco; al final del mismo había una zona acotada para los más pequeños. De entonces, poco más recuerdo. Muchos amigos, bueno, un par de amigos y muchos conocidos entre los compañeros de clase. Año tras año, el grupo de compañeros crecía en peso y estatura, pero se nos mantenía juntos a casi todos, éramos cerca de cuarenta y aquello era una bendición.

Había algo genial del cole … no teníamos uniforme. Muchísimos colegios tenían uniformados a los niños lo que les identificaba impidiéndoles disfrutar de la diferencia del desigual. Mi madre ha ponderado éste detalle durante muchos años y aún lo recuerda a la menor oportunidad. Nuestros curas eran diferentes, eran cercanos, jugaban al fútbol con nosotros remangando sus sotanas y algunos, los más jóvenes, eran buenos. Eran curas, algunos atizaban con la correa; perdone el lector sensible, yo aún lo agradezco. Sólo una vez me pasó a mi, y desde luego, en casa no se enteraron. El Padre Torres, y el Padre Miguel Soriano son los hilos principales que me condujeron por el colegio.csa aerea

El patio era inabarcable. Había en el centro un campo de fútbol de medidas reglamentarias y a través de él, dos más pequeños. Al menos seis canchas de baloncesto, quizás más. Y por último, dos de balón mano. Fueron 12 o 13 años allí. Entré para aprender a escribir y leer, y salí de cara a la universidad, con un excelente nivel de inglés que me ha servido de mucho en la vida.