Ortocen Clínica del Pie

luisjaEntramos en la Primavera, hace un tiempo que sólo hablamos del maratón. El grupo que se reúne cada fin de semana frente al Poli comienza a, exclusivamente, charlar sobre la gran prueba anual. Sábados y domingos hacemos un entreno más largo por ir acumulando kilómetros, el frío se quedó atrás y el verde, parduzco por la sequía omnipresente, nos acompaña.

Estoy con Luis, salimos cada noche después del trabajo y enfilamos el camino de la montaña en las postrimerías del día, aún con bastante luz, sabemos que en poco rato el crepúsculo se ocultará como nuestra luengas sombras, y que habremos de aguzar la vista sobre el asfalto por evitar el traspié. Hablamos del presente inmediato, de casa, de nuestra gente, del futuro cercano, pues no somos aficionados a ilusionarnos con nada más distante; entre tanto, subimos camino del punto de inflexión en nuestro trote, de El Mojón, donde llegas a avistar el pueblo vecino.

Cada pocos días, imagina alguna prueba para la intimidad de nuestro trote que pueda diferenciar a ese día de todos los demás, momento de recogimiento atlético pues no hay quien te emule. Siempre buscamos alternativas a la monotonía de nuestro rato. Razones de charla con el resto de amigos afines en el deporte. Motivos de amistad y regocijo. Incluso de faltarnos el tema, saca a colación asuntos ya manidos en nuestra memoria que nos hacen revivir el pasado radiante.

Cuántas veces no habremos repasado nuestra existencia juntos mientras lo vivido custodiaba el trote de los pies.

Con el tiempo se acumulan kilómetros, unos simpáticos, otros locuaces, también los hay silenciosos e incluso jadeantes. Luis es un gran amigo, tranquilo, atento, inteligente, humilde, prudente y fiel.

No podré correr este maratón, tampoco tú lo harás; sin embargo, siento que ambos seguiremos trotando por la dehesa luminosa, mojada, fría, ondulada y llena de pinchos, y lo haremos juntos. Gracias amigo Luis.