Ortocen Clínica del Pie

picos europaEste fin de semana ha pasado algo nuevo. Sin la mochila que acarreo desde hace meses, eché a correr por un camino de cabras, sin preocuparme, sin pensar en pros ni en contras, tranquilo, cuando quise darme cuenta había corrido cincuenta minutos, o algo así; con excitación en mi cabeza al sentir la hazaña, la alegría y la esperanza trotaban a mi lado; y los tres acompasábamos la zancada mientras se adivinaba que el ritmo iba alegrándose, que mis piernas dirigían la marcha mientras yo me afianzaba en cada apoyo de talón.

Resultó una experiencia extenuante pero magnífica. Mi neurona se siente a gusto en sus galopadas por la pradera cerebral; la cabeza pide paso a ese mundo confuso y vital que tenéis ahí fuera.

Me siento extraño, la afinidad que tuve con el entorno, la proximidad en el oficio que otrora fuese amiga de trato cotidiano, ahora parece una extraña a quien hubiese que halagar.