Para podólogos

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Del blog de Quirós

Publicado en Aún hay más

blog de quirosLorenzo Sánchez Quirós en su blog…

“¿Tiene sentido que la Podología no esté en el Sistema Nacional de Salud Publica? Una especialidad como es la Podología, de la cual hay 17 facultades en toda España. De las cuales salen unos 800 a 1500 profesionales todos los años al mercado de trabajo, que genera unos beneficios al Estado a través de sus Universidades, y a estas a su vez con Masteres, Seminarios, títulos propios, etc. y que no encuentran su sitio en el sistema de salud no es de justicia. Esta especialidad se le margina en la sanidad pública como en las compañías de seguros médicos privados…  sin embargo el resto de los profesionales salen al libre mercado laboral a buscarse la subsistencia en un mercado cada vez mas saturado. En este punto, podemos decir que los únicos beneficiarios de la asistencia de esta profesión sanitaria es la Universidad y de los que cobran de ella. Es un error, mejor dicho es un horror, prescindir la sanidad publica de tan necesitada profesión, como es la Podología…”

¿Tiene sentido que haya tal número de Escuelas Universitarias de Podología en España Lorenzo? SI tuviese sentido, los entre 800 y 1500 colegas que dices estén saliendo al mercado cada año, tendrían trabajo, pero no, no hay trabajo para tanto título. Sugieres que ocurre como resultado de que las universidades hayan adquirido los medios automáticos de “hacer caja”, pues la Administración ha dejado de “alimentarlas”. No te faltará mi apoyo para esa afirmación.

Muchos intereses creados, basura que nos repercute, que nos azora y nos lleva al desánimo, al “sálvese quien pueda”, a la zozobra.

Dices, o dice tu amigo en la bitácora, que la sanidad pública va a ser privatizada, va a desaparecer, y allí, no hay lugar para nosotros. El rol que la sanidad privada nos concede es los callos. No lo sé. Estamos en medio de un torbellino donde muchos prefieren “nadar y guardar la ropa”, esperando que se tranquilice todo. Yo puedo encontrarme inmerso en ese torbellino del que te hablo, a pesar de ello, confío en nosotros, en vosotros, los podólogos que hemos conseguido aupar a la profesión donde se encuentra ahora, logrando el respeto de los demás en América y Europa.

Quizás esté contigo en que sólo la universidad está beneficiándose de esto, pero…. Siempre deseamos el paraguas de la universidad, no lo olvidemos, ella nos acogió hace ya años. La universidad nos ha dotado de títulos para rellenar nuestras paredes, Así hemos adquirido también un crédito “extra” por parte de nuestros pacientes, que siempre hemos ponderado en nosotros mismos, y que como siempre, a veces ha sido merecido y otras menos ¡Esto es lo que hay!.

Bien le vendría a la universidad lograr que lo que nos enseña sirva, a su vez, para no sólo alimentar el conocimiento, sino para lograr una transmisión real de lo enseñado a nuestra práctica, hacerlo algo más técnico, menos filosófico. De este modo lograría que aumentase el ansia por aprender, pues lo aprendido estaría dándonos alas para mejorar en nuestro entorno. Como puede percibir cualquier lector, considero que lo nuestro es un oficio, un oficio para nuestras manos, y que las ínfulas que penden tras la mitra se nos están quedando ya holgadas.

Agradezco a nuestra profesión, a nuestros mayores que nos lo pusieron en bandeja de plata, a los presentes que navegáis en procelosas aguas, y a nuestros jóvenes, admirados por los profesionales, ante quienes comienzan su andadura profesional a pesar de ver con claridad lo difícil de la empresa.

Me admira que aún así, los jóvenes busquen en nosotros los “peinacanas cuando las encuentras” ese apoyo, siguen viniendo en busca de conocimiento, escrutando los entresijos de nuestro vetusto saber, de nuestro oficio que hayamos pulido con tiempo de “rascar callos”, que decía mi padre Luis Aycart.

Yo veo, amigo del alma, que todos a una, como en Fuenteovejuna, hacemos cuanto está en nuestras manos por la profesión común, cierto es que las lecturas del problema, y por lo tanto, de las posibles soluciones, no son firmes. Tampoco lo son los palillos que cada uno puede tocar… Dejemos a cada quien hacer lo suyo, confiemos en que lo hacen de buena fe. El Consejo es de todos, está formado por todos, todos lo construimos y todos lo cambiamos.

¡Es lo que hay!