Para podólogos

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Atleta con dolor insidioso

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el dolor 2Este paciente corre 5000 m en 13´49 s. Cuando tenía 22 años se acercó por nuestra consulta quejándose de dolor en lo alto de la parte media de su pie. Me cuenta que había tenido todo tipo de tratamientos conservadores en su época universitaria, que incluía la inmovilización del pie en una escayola, inyecciones seriadas hasta un total de cuatro aplicaciones, ultrasonografía, plantillas ortopédicas, y medicación antiinflamatoria. A pesar de esto, él se quejaba de dolor cada vez que apoyaba sobre la planta de su pie, o cuando lo pronaba.

Examinamos al paciente en profundidad, estudiamos su zancada y su biomecánica. Observé que tendía a favorecer el pie molesto, cargando más sobre el otro pie. Parecía estar obstruyendo la articulación astrágalonavicular. Intentamos vendar el pie y utilizar plantillas ortopédicas temporales blandas. En posteriores visitas nos confesó no haber percibido beneficio alguno de este tratamiento. Entonces le expliqué que las plantillas ortopédicas permanentes no iban a mejorar el caso, pues las temporales y el vendaje adhesivo habían fallado.

En la revisión de las radiografías, señalé la posibilidad de que la obstrucción de la articulación mediotarsiana pudiera estar siendo la causa del dolor. Ya he visto otros mediofondistas y esprinters con éste problema, y ellos han respondido bien a la cirugía que suponía retirar el exceso de hueso en lo alto del pie para permitir la función libre de la articulación mediotarsiana.

Esta cirugía fue llevada a cabo bajo anestesia local, haciendo posible que el paciente se fuese a casa tras la cirugía. En el momento de la cirugía comprobamos una fusión ósea articulación mediotarsiana, además de la excrecencia ósea. Se encontró un hueso supernumerario o fragmento libre óseo en la articulación mediotarsiana, que emergía de la zona externa del hueso navicular y que interfería ante el cuboides. Todo ello justificaba el dolor ante cualquier movimiento del pie. Se trata de un hallazgo extraordinario, pero el tejido blando de la periferia mostraba consistentes cambios inflamatorios con el problema crónico presente en este momento. Se extrajo la barra ósea de la articulación mediotarsiana, y se recuperó el pleno margen de movimiento.

La última vez que le vi, cinco meses después de la cirugía, me confesó estar corriendo bien y que lo podía hacer sin dolor. Sin embargo, tenía algún pequeño problema. Había estado entrenando sobre superficie llana y decidió hacer una carrera con zapatilla de clavos sin haber entrenado con ellos desde mucho tiempo atrás. Había apretado mucho el calzado y terminó con tendinitis en el pie no operado. Volvió a la consulta, deseando no tener una fusión en el otro pie. Le aseguré que ese no era el caso y que con los cuidados adecuados la tendinitis respondería bien.

El caso relatado muestra un diagnóstico muy complejo y además un problema que no respondió a ortesis plantares, medicaciones o inyecciones. Nuestro paciente tenía un pie dañado que precisaba una intervención quirúrgica. La cirugía es, normalmente, la última opción para cualquier lesión de origen atlético, pero en ocasiones como esta resulta más conservador que los tratamientos probados con anterioridad.

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