Para podólogos

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Satisfacción

Publicado en Aún hay más

15174 preEn septiembre de 2010 llega a nosotros María, a sus 58 años y remitida por nuestra amiga y colega Uge Romero Arco por ver cómo ayudarla; pide que intentemos arreglar su pie, ella relata haber sido operada en el año 2003 del segundo dedo que entonces reposaba sobre el primero, de modo análogo a como se presenta en la actualidad, y que podemos observar en la primera imagen. La paciente venía advertida de que la única opción era quitar el dedo para que no molestara; técnica en desuso en la actualidad, y siempre desprestigiada.

En el momento inicial, su principal queja se centra en el dolor presente en “la bola” (debajo del comienzo de los dedos centrales) del pie derecho.

Nos cuenta que utiliza habitualmente calzado deportivo, pues no puede usar otro.

En la exploración que hacemos del pie, observamos su incapacidad para flexionar el dedo segundo hacia abajo. Se ve con claridad que el dedo gordo, al haberse elevado el segundo, se ha “acomodado” invadiendo el espacio que le correspondía al segundo en el suelo; y que éste segundo dedo había abandonado tiempo atrás. Cualquiera comprende que la presión en la punta del calzado, facilita que el dedo gordo busque un alojamiento más relajado y se desvíe al espacio libre que ha dejado el segundo.

Alguien pudiera preguntarse el por qué de la elevación del segundo dedo, pero esta respuesta corresponde a una reflexión que haremos en nuestro blog, otro día.

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Tras la corrección de los problemas que propusimos resolver, a saber, corregir la desviación del primer dedo para hacer hueco al segundo, quitando el bulto del juanete; y relajar el dedo segundo tanto de su origen en el metatarsiano, como entre sus falanges; María salió del quirófano por su propio pie, como todos nuestros pacientes; auxiliada por un calzado especial que nos permite curar el pie con sencillez, y que ayuda a adaptar la forma de caminar al otro pie. Después de todo esto, vino varias veces a cambiar los vendajes y pudimos dar el alta a las 5 semanas.

Dos años después María nos ha visitado dándonos la oportunidad de revisar el pie operado. Ella dice estar muy bien, no hay dolor alguno en la zona, el segundo dedo está en perfecta forma, se mueve con normalidad, el acabalgamiento que hubiera entonces pasó a ser historia.