Cuidados de la piel
El pie es un fiel reflejo de la salud del organismo; la falta de cuidados o higiene de la piel en el pie puede desencadenar un sinfín de problemas.
Entendemos por cuidados de higiene: el lavado y secado, el corte de las uñas, el rebajar durezas y callosidades; también son medidas de prevención la elección de los calcetines y de los zapatos que se ajustan al pie y le protejen) o la hidratación de la piel.
El hallazgo temprano de cualquier enfermedad responde a una premisa más de higiene; el diagnóstico le corresponde a los profesionales de la salud, pero nadie mejor que usted mismo puede descubrir en sus pies, frecuentemente ocultos (dentro del calzado), algún sígno o síntoma que anuncien una enfermedad, como: una pequeña mancha, una grieta, un bulto, falta de movimiento o deformidad de sus dedos, sudoración excesiva, sudor con cierto color o mal oliente. El dolor o por el contrario la falta de sensibilidad y el sentido de frío o calor en el pie son percepciones personales. Tras cualquiera de estos hallazgos el podólogo puede diagnosticar, prevenir o tratar enfermedades que pueden llegar a ser muy graves.
El pie y su entorno
Las condiciones de medio ambientales, geográficas, climáticas o laborales en las que nos movemos afectán de manera singular al pie, protegido o no por el calzado. El lugar geográfico que habitamos puede suponer un riesgo de que aniden en nuestra piel parásitos, recibir mordeduras, picaduras o simple contacto (medusas), haciendo referencia a especies animales; también pueden resultar agresivas especies vegetales y el suelo que pisamos.
Otros factores como temperatura y humedad pueden favorecer la proliferación de hongos o bacterias, y condicionan el uso de nuestro calzado, cuando éste es accesible y no estamos condicionados a costumbres, creencias, cultura o normas laborales.